El precio de la honestidad y lo auténtico (1)

Pensando sobre ello estos últimos días, tengo reflexiones de lo más interesantes. Me dispongo a compartirlas con vosotros. Este es un tema que he tocado bastante de cerca en mi libro, pero creo que necesita un enfoque mas cercano aquí en el blog.

Poniendo de manifiesto una cuestión de mi mismo, casi todo el mundo me conoce como un poco “bocazas”. Esto es, normalmente digo cosas que no dejan de ser ciertas, pero están dichas fuera de un momento oportuno o sin reflexionar en cómo pueden sentarle a los demás. Es decir, soy crudamente honesto, algo que no es fácil de aceptar.

Estoy en un punto donde encuentro que cierta afirmación que un día conocí se hace cierta: “las personas manipuladoras y los que se ocultan tras máscaras y fachadas no son capaces de tolerar la honestidad frente a ellos y se disgustan contigo si les dices la verdad”. Suele ser una cosa habitual.

Yo he podido observarlo porque siempre transmito lo que pienso y lo que siento sin tapujos. Las reacciones son de lo más variopintas: mucha gente se descuadra y no sabe qué decir y/o cómo reaccionar. Otros, se violentan.

No voy a decir que siempre reaccionan como me gustaría o como yo quisiera porque esto no es así, y no tiene caso mentir con ello. El problema es otro diferente.

Citando al amigo Emirucho: No puedes decir siempre la verdad y que todos te sonrían. Decir la verdad y que todos estén contentos con tu respuesta es algo que requiere habilidad, técnica, destreza… maestría.

Yo diría que ni aún así. En este mundo, hay dos clases de personas a las que no agradamos. Estúpidos, y envidiosos. A los primeros les agradaremos pronto, a los últimos nunca. Pues entonces, hay que aprender a ignorar a los que no agradamos. ¿Por qué?

Porque si siempre andamos pendientes de los demás, de si agradamos o dejamos de agradar, o de la “cortesía”, nunca podremos hablar de nuestros pensamientos y nuestros sentimientos tal cual son.

Os regalo una reflexión que estuvimos tratando el compañero PABLO y yo mismo la otra noche, mientras hablábamos de la dinámica rutinaria más usual que ocurre en el contacto entre dos personas cualesquiera. Prestad atención:

– Creencia usual 1: Cuando una mujer te da el privilegio de tener sexo contigo, tienes que ganarte ese sexo. Después de esto, la tratas diferente.

– Creencia preferible 1: Cuando una persona te da sexo recibe exactamente lo mismo a cambio, sexo. Hay reciprocidad en ello.

Hablando sobre mi mismo, en mi caso se trata de ofrecer y aceptar lo que me ofrecen. Ni más ni menos eso. Día a día, nos ofrecemos y nos son ofrecidas otras personas. Atendiendo a nuestra preferencia, a lo que más y mejor nos conviene, escogemos las ofertas más deseables en base a estos criterios.

Por ejemplo, puede que prefiera tener sexo con un tipo de persona pero no con otro, tan sólo porque una parte de esa misma persona no me gusta. Usualmente, esa parte suele ser su comportamiento o su forma de ser. No voy a decir que no me fije en el aspecto, porque lo hago y mucho, pero un buen chasis no es nada sin un buen motor.

Y no voy a caer en tratar diferente a una persona solo porque nos hayamos acostado. No me he enamorado de esa persona solo porque hemos follado. Pero tampoco me voy a comportar como si no la conociera. Ni calvo, ni tres pelucas.


– Creencia usual 2: Cuando tu pretendes a una persona, te acercas a esa persona, trabas amistad y la invitas a salir. Comienzas a cortejar. Puedes invitarla a un par de citas, que puede o no aceptar, y reúnes las fuerzas y el valor para declararte.

Poniendo que todo salga bien, te aceptan y continuáis saliendo hasta que eventualmente tenéis sexo. Todo esto, siempre desde el punto de que “te la tienes que ganar”. Hay muchas personas que se aprovechan de esta situación para obtener favores que de otro modo no podrían disfrutar pero le dan por conseguir su atención.

Es decir, te dan pie, te dan algo a lo que agarrarte, aceptan tus salidas, pero al final acaba siendo un gasto de tiempo, esfuerzo, energías y emociones.

– Creencia preferible 2: No debería invertir más esfuerzos en una persona de los que esa persona me demuestre merecer y corresponda por sí mism@. No debería tener que ganarme nada ni hacer que la otra persona se lo gane, pues esto no es una competición, sino que tratamos de llegar a un punto en común juntos.

Si una persona tratara de aprovecharse de mi, usando como lanzadera esta situación, lo primero que debería hacer es exponerle honestamente lo que pienso y siento de dicho proceder, y rechazar su compañía y su presencia en mi vida, en tanto que no demuestre un proceder distinto y menos egoísta. A veces, quizás nunca se le deba volver a dar una oportunidad, pero eso a juicio de cada cual.

En este aspecto no hay ninguna garantía, es probable que lo que ocurra simplemente sea eso. Que hayas topado con una persona que le gusta tenerte de amigo para todo, y que seas su billetera, su coche, su transportista, su perchero y su burro de carga no es algo de lo que reírse precisamente, pero de lo que sí hay que reír es del hecho de pensar que pasar por el aro en esto te dejará entrar en su cama. Y una mierda grande y seca.


Por hoy, lo dejo aquí, pero mañana continuaremos con este tema. Se alarga bastante.

Abrazos,

Kheldar

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2 comentarios en “El precio de la honestidad y lo auténtico (1)

  1. Un par de apuntes sobre la honestidad:

    “Si quieres dirigir la orquesta tendrás que darle la espalda a la multitud”
    “Nunca des explicaciones: A quien te odia no le valdrán y quien te quiere no las necesita”

    Saludos

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