¿Qué es el S-E-X-O?, por Robert Judge

Hoy os regalaré una de las newsletters de Rob porque, joder… Me ha emocionado. En su simplicidad y en el hecho de que es una historia que cualquiera de nosotros podría haber vivido, si hubiera tenido la ocasión de hacerlo. Veamos qué nos cuenta.

¿Qué es el Sexo?

Hey, qué pasa. Hoy quería reflejarme en una historia de mi infancia…

…es embarazosa, algo hilarante y bastante bizarra.

Trata de la prácticamente primera vez que escuché cuatro letras mágicas: S-E-X-O.

“Ok Rob,” apuesto a que estáis pensando, “¿Qué tiene esto que ver con citarse con tías buenas? ¿Qué va a hacer esto para ayudarme a conseguir a la chica de mis sueños?”

En verdad, esta historia tiene MUCHO que ver con eso. Pienso que la mayoría de los chicos sobre-complican el sexo. Lo convierten en un gran affair y eso termina jodiéndolos cuando conocen a una chica que les gusta.

¡Sé que este fue uno de los mayores problemas que tuve!

Así que, leed esta historia y con suerte aprenderéis la misma lección que yo aprendí. Esta carta podría simplificar sin más un aspecto de las citas que has estado enrevesando durante años…

Mi memoria más temprana sobre el sexo es, además, la más embarazosa que recuerdo. En realidad, ni siquiera era algo relativo al sexo como tal, sino un grupo de tíos sentados en un corrillo, hablando ACERCA del sexo.

Debía estar en 4to o 5to grado. Cualquiera que sea la edad que el Estado de Nueva York piense que es apropiado aportar ese curso llamado EDUCACIÓN SEXUAL.

Toda la excitación que sentía sobre el tema se destruyó cuando supe que el guía hacia la mágica tierra del sexo sería el barbudo y corpulento profesor de gimnasia, Mr. Sackman – más afectuosamente conocido como el “Sack Attack.”

A pesar de mi joven edad, si esto hubiera sido un curso sobre sinónimos graciosos para los genitales me hubiera ido bien para graduarme en ello. Como a la mayoría de mis pares, mis padres le dejaron mi aprendizaje sobre el sexo a la tradicional y reputada en el tiempo Escuela de La Calle.

Siendo un típico sangre roja, Americano por entero, llené el curriculum principal a través de bromas subidas de tono, pornografía y reposiciones de “Married with Children”. Para el momento en que estaba en el simposio sobre sexo de Sack Attack, confiaba bastante en que podría enseñarle YO a ÉL unas cuantas cosas en esta materia.

Pero todo eso cambió cuando Sack Attack cumplió con el significado sin intenciones de burla de su nombre: Sack Attack me dejó pillado (N.T.: “sacked me” en el original).

Comenzó cuando su gran manaza agarró la cuerda de la pantalla enrollada, revelando un diagrama de un pene trágicamente dibujado, colgando flácidamente.

“¿Les parece familiar, caballeros?” preguntó Sack Attack. “¡Debería! Porque TODOS nosotros tenemos uno.”

Dio un ominoso paso adelante, “Pero eso NO significa que todos nosotros sepamos cómo se usa. Así que, vamos a pasar la próxima hora hablando sobre eso mismo.” Entonces echó un vistazo a la sala y dijo, “¡Abrocháos el cinturón, chicos!”

Algunos se removieron nerviosos en sus asientos.

“Bien, lo primero que tenéis que saber,” explicó…

Pero aqui es donde los detalles se vuelven borrosos. No recuerdo lo primero que había que saber. Tampoco lo segundo ni lo tercero. Puede que lo bloquease todo. Puede que, honestamente lo olvidase.

Todo lo que recuerdo es sentirme patéticamente confuso, como si Sack Attack estuviera enseñando cálculo avanzado a un estudiante que a duras penas lograba hacer multiplicaciones con tres dígitos.

Recuerdo que pensaba “wtf” – y esto era en los tempranos 90, antes de que “wtf” siquiera existiese. Todo lo que puedo recuperar son ciertas frases y palabras: “el acto”, “entrar en materia”, “es una elección que ambos hacéis”.

¿Cómo?

Pensé que la educación sexual iba sobre meneos, salchichas, culos y tetas. Tal vez incluso un pedo que se escapa. Y por supuesto, una exposición sobre todas las cosas que lo mencionaban y tenian que ver con ello.

Las vagas sílabas de Sack Attack me hipnotizaron en un trance a lo zombie y de repente me vi alzando la mano y preguntando “Pero espera, ¿qué es exactamente el sexo?”

Una habitación llena de risas siguió a mi pregunta como una sombra oscura y condescendiente. Mientras que yo tenia intenciones honestas, me di cuenta inmediatamente de la humillación pública que había iniciado. Así que ajusté mi acercamiento de manera acorde, asumiendo el rol de objetor.

“¿Podría por favor explicar eso llamado SEXO, Mr. Sackman?” Clarifiqué, “Queremos oirlo de un experto.”

La cara de Sack Attack se arrugó detrás de su barba con el disgusto que alguien mostraría después de tener su historia sexual satirizada por un listillo juveni que aún no ha alcanzado su pubertad.

“Qué tal si le preguntas a tu padre,” masculló Sack Attack, llena su voz de rabia.

La clase se reía de Sack Attack, mientras yo me senté otra vez sintiendo como si hubiera ganado un triunfo enorme. Seguía ignorando lo que era el sexo pero al menos había hilado una grandiosa broma a expensas de Sack Attack.

Todavía hoy recuerdo ese momento como pivotal en mi maduración sexual. Afortunadamente cambié una educación en los trabajos internos del sexo por un estrellato momentáneo como un héroe cómico o algo así. Más que una respuesta brillando sobre mi búsqueda de la verdad, el no tener respuesta se convirtió en mi oscura inspiración para un conocimiento superficial sobre esa cosa llamada SEXO.

Mientras los días pasaban y mi celebridad cómica se desvanecía, me encontraba acechado por la respuesta de Sack Attack. ¿Por qué no le pregunto a mi padre? Dios, soy la prueba viviente de que ese tío sabe ALGO sobre sexo.

Incluso recuerdo haberle preguntado a mi padre algo vergonzosamente, “¿Papá, qué es el sexo?”

Crípticamente, todo lo que dijo fue, “Como si no lo supieras. De verdad, Robby. Deja de hacerte el inmaduro.”

Bien. Si mi padre no podía darme respuestas, consultaría a Webster. Con furtiva determinación me acerqué a la librería local, dirigí mis pasos al exageradamente gran diccionario – colocado en un pedestal como un Libro de Dios – y busqué. Las páginas me acariciaban los dedos mientras las pasaba en búsqueda del tabú de cuatro letras.

Y ahí estaba, SEXO, brillando en rayos dorados de conocimiento. Me salté la clave de pronuciación, las innecesarias abreviaciones y las connotaciones obvias sobre el género. Mis ojos recorrieron la página hasta que lo encontré. Simple y directo al grano, sin florituras.

“El acto de un hombre insertando su pene en la vagina de una mujer”.

Tenía una… ¡Epifanía!

Pero no era una epifanía de “OMG”. Era más bien como una epifanía de “srsly?!” – y seguían siendo los tempranos 90, antes incluso de que “OMG” y “srsly?!” existieran.

Pero volvamos a mi hallazgo, tu explicación y nuestra historia.

Bueno, me mantuve junto al estante, con mi cabeza bullendo en claridad sobre el sexo. “¿Eso es todo?”, recuerdo que pensé. El pene… en la vagina. ¿En serio? ¿Eso es todo el asunto?

Bueno, sería sobre una década después cuando la palabra se hizo carne. Y tío, eso fue… Una epifanía.

La gran historia de la pérdida de mi virginidad, cabe mejor en una broma o un chascarrillo de los de chocar manos en el vestuario. Porque para mi es lo único que es: algo que le gritaría al tipo del orinal de al lado.

Una historia en una sola sentencia que sale como una bofetada. “Mi amigo Donny y yo nos lo hicimos a dobles con esta chica en el asiento trasero de la minivan de mi familia cuando teníamos 17 años.”

Por supuesto, si quieres una narración más cercana a los hechos puedo añadir detalles graciosos como que en el reproductor de CD sonaba “In-A-Gadda-Da-Vida” o que esa minivan era un monstruoso armatoste morado que habíamos apodado el Mommy Mobile.

La entera ordalía permanece como un absurdo considerando que, de todos mis amigos, yo era el que más esperanzas románticas había puesto en lo que por entonces llamaba “hacer el amor”.

Yo visualizaba camas de rosas, esperaba diálogos que parecieran salidos de una peli de John Cusack. En vez de eso, la ironía tuvo una épica victoria esa tarde de verano y, en un montón de formas, ese incidente marcó de nuevo un momento pivotal, por todo lo que nunca fue.

No fue mágico. No fue romántico. No fue especial. No fue largo, sino más bien cómicamente corto. No era tan placentero como para volarme la cabeza ni tan horrible como para reirse de ello.

Simplemente FUE. Indescriptivo y vagamente gracioso: no como aprender sobre el sexo en aquel diccionario en la biblioteca.

Bueno, entonces… ¿Qué otra cosa es el sexo realmente aparte de esas insípidas instrucciones de manual que hablan de insertar la Clavija A en la Ranura B? Bueno.

Las respuestas varían dependiendo de a quién preguntes. Pregunta a un tipo con hambre de sexo, te dirá que el sexo es “tener suerte”.

Pregunta a un tipo anclado a su novia, te dirá que es “cuando ella está de humor”.

Pregunta a un bro de la fraternidad, exclamará que es “¡PUNTUAR!”.

Pregunta a Sack Attack, él reforzará los vínculos padre-hijo.

Pregunta a mi padre, él te dirá que eres inmaduro.

Pregunta a la chica que Donny y yo nos hicimos juntos en el Mommy Mobile, te dirá que es una combinación de tener 16, beber tres Mike’s Hard Lemonades y canciones de Iron Butterfly.

Pero, finalmente, aquí está la epifanía que NO va a mover tu mundo…

Esta epifanía NO se aprende ni en educación sexual, ni del porno, ni en reposiciones de  “Married With Children”, ni en el asiento trasero de la minivan de mi madre…

Esta es una epifanía precisamente para todo lo que no lo es…

¿Listos? (Abrocháos el cinturón, chicos.)

*El sexo, es lo que sea que tú haces de él.*

El sexo puede ser tanto simple como muy complicado.

Muy casual o muy comprometido.

Muy rápido, o muy lento.

Las variedades son infinitas. Pero el iniciador primo es finito y singular. Tus creencias sobre el sexo – tu definición DEL sexo – definitivamente se manifiesta como tu realidad sexual.

Llamarlo una profecía que se cumple a sí misma es sobre-complicarlo. No es nada más que un hombre metiendo su pene en la vagina de una mujer. Clavija A en Ranura B.

¿Por qué se convirtió alguna vez en algo más?

¿Por qué es algo más que “Pene en Vagina”?

Clavija A, Ranura B.

Y eso es todo: una conclusión completamente anticlimática y totalmente desviada de las perspectivas de seducción. La epifanía perfecta.

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