Miedo. ¿Me enfrento a ello, o me hago con ello?

Hablando del miedo como tal, sin más connotaciones por ahora… Voy a comentar mi idea sobre este tema haciendo un trasvase de una respuesta a las aportaciones de un compañero en la pasada entrada sobre la aproximación en frío.

Dejando clara mi postura desde un principio, pienso que enfrentar los temores o hacer algo por destruírlos -como el compañero señala-, no es la mejor solución por el simple hecho de que luchas contra tu propia persona… En vez de molestarte en comprenderte.

Nuestro compañero Álvaro nos comenta lo siguiente sobre el miedo:

Me gusta mucho leerte, Kheldar, pero a veces me cuestiono la utilidad de alguna de tus enseñanzas. Esta es una de ellas.

“Cuando deseas algo de verdad sacas lo mejor de ti mismo y lo pones en juego, actúas como inspirado por las musas y no te faltan pelotas para hacer lo que haya que hacer”

Pues no. Hay gente que tiene un miedo atroz a entrar a una chica, y si no hace algo en para destruir ese miedo no lo va a conseguir nunca. Tu frase que he copiado arriba, en la que se condensa la respuesta que le das al chico, y a cualquier otro en su situación, no sólo no me parece que no soluciona nada, sino todo lo contrario. Además, es perfecta como excusa para abandonarse al miedo y no actuar. Después de leerla, el chaval, cuando se vea de nuevo en una situación semejante, la recordará y pensará: “soy incapaz de acercarme a esa chica…bueno, será que no lo deseo con todas mis ansias, porque si así fuese, Kheldar dice que encontraría las pelotas para hacer cualquier cosa”. Mentira. Conozco amigos, (incluso me podría incluir) que nunca van a entrar por culpa del miedo, a no ser que hagan algo. Y ese algo desde luego que no es pensar que cuando realmente quiera algo no va a haber miedo que valga. Por que sí, lo habrá.
Un saludo

Y como tal os dejo la misma respuesta que podéis encontrar en la mencionada entrada del blog, pero que traslado aquí para que no se pierda y pueda ayudar a otros que pasen por la misma situación o parecida. Vamos con ello.

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¡Buenas, Álvaro!

Siempre es un gusto tenerte por aquí. Tu opinión me parece muy digna y loable, además de que me alegro de ver que no te tomas como un dogma las cosas que expongo y racionalizas los escritos; y considero que tienes razón en lo que dices, aunque… Debo decirte que tengo una pequeña intuición sobre este suceso.

Me parece que has tenido unos cuantos enredos a la hora de comprender el escrito, o bien que te has ido quedando con frases sueltas (no sé si las que más destacan o las que más te hayan chocado, pero frases sueltas).

Eso no es bueno, ya que mis escritos no funcionan por partes y, sin el conjunto, se pierde mucho sentido… Y a veces, toca acudir al registro en la memoria de otros escritos que ya hayas podido ver. Me gustaría que, si quieres, me digas si me equivoqué en mi intuición.

Con tu permiso, voy a echarte una mano para desmadejar el enredo.

Verás, en primer lugar yo no he dicho en ningún lugar que el miedo desaparezca. Me he limitado a decir que, en una situación en la que deseas algo de verdad, no te paras a pensar en nada más que en eso que deseas y en cómo lo deseas lograr.

Eso no quita que tengas rumores sordos y ecos de fracasos anteriores, ni que tú mismo y tan alegremente -o cualquier otro, que también puede pasar- te pongas o encuentres impedimentos y bloqueos… O mierda por resolver contigo mismo.

Suele pasar, de hecho.

Y te voy a comentar por qué.

Pero lo voy a hacer con el ejemplo más bonito que se me ocurre.

Cuando tu atacas al miedo, se vuelve contra ti… Cuando intentas destruirlo, normalmente lo intentas haciendo -o intentando hacer- exactamente aquello que temes. Pero… Nuevamente se puede volver en tu contra a la que te descuidas.

Y encima, lo hace con más fuerza, con más ganas y con mejores armas. Dado que es un asunto psicológico, lo primero que hace es desestabilizarte y ponerte ansioso.

Ahora, hablemos de aquella figura bonita que te dije que se me ocurrió.

Leyendo los libros de Harry Potter, tenemos la figura de una criatura mágica llamada boggart, cuyo poder es el de transformarse en aquello que más teme la persona a la que se enfrenta. Y más sorprendente todavía es la forma en la que se vence a esa criatura: se ridiculiza tanto ese temor que se logra quitarle la importancia.

Y así, ese miedo ya no nos atenaza. No tiene poder sobre nosotros. Harry, de hecho, tenia miedo al propio miedo (sus apariciones siempre se transformaban en otra criatura, un dementor -criatura cuyos poderes incluían el hacerte rememorar todos los peores sucesos y temores en tu haber-, cosa que su profesor señala como una especie de paradigma ingenioso).

Y si te paras a fijarte verás que cuando yo he hablado del miedo, cuando verdaderamente he tratado ese tema… He aconsejado CONOCERLO, DESCUBRIR aquello que lo causa o lo motiva, lo que lo dispara y lo mantiene vivo, PREGUNTARSE qué IMPIDE que hagas y qué te OBLIGA a hacer.

Porque si eres capaz de darte todas esas respuestas, estás en la posición para enfrentarte a ello y HACERTE CON ELLO, que no destruirlo. El miedo es parte del mecanismo de supervivencia, y ese mecanismo no se puede vencer… Sólo convencer.

No te olvides de una cosa, Álvaro.

Cuando luchas contigo mismo, la única opción es la derrota.

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No estoy totalmente seguro de haber sacado la idea que tengo en la mente tan sólo con eso que acabo de poner arriba y en la mencionada entrada; pero por continuar desarrollando el hilo… Digamos que ambas cosas, tanto por el lado del enfrentamiento como por el de la conciliación, requieren de un esfuerzo considerable.

Ahora bien…

Considerable en qué sentido, sería la pregunta.

Por no venirte abajo, por no rendirte a las primeras de cambio, por no culpar a otro o culparte tú mism@… Esos son esfuerzos, y no precisamente pequeños de hacer. Otros no menos notables son continuar buscando soluciones, posibles fallos, los puntos fuertes, los puntos flacos, ponerte al pie del cañón…

Pero la diferencia entre ambos esfuerzos se basa en la dirección del curso de acción que tomas, en la satisfacción de los logros y la correlación esfuerzo-recompensa.

~~

Entonces, y haciendo un poquito de Capitán Obvio, acabáis de leer lo que yo mismo hago para solucionar mis conflictos con el miedo… Pero no sé si os habréis fijado.

Me doy el permiso para observarme a mi mismo, para preguntarme cosas que pueden ser incómodas, para buscar las razones de esa incomodidad. No me fuerzo a hacer algo si no comprendo primero por qué me siento así hacia ese algo.

No me fuerzo a acercarme a alguien pensando que cuando esté más cerca me sentiré menos nervioso, o será diferente… Porque a la mínima que la otra persona reaccione raro, mis inquietudes redoblarán su hostigación, y me empezaré a comer el tarro pensando “he hecho algo mal”.

Cosa que ni tiene por qué ser cierta ni tiene por qué tener algo que ver conmigo.

Tendemos a pensar que todo es por nuestra causa, que somos los culpables de cómo está la otra persona, pero nos olvidamos de que son entidades independientes con circunstancias propias: su vida, sus estímulos y respuestas

Y entre otras cosas, no tiene por qué ser culpa nuestra que alguien esté como está, ni que se porte de una forma u otra. Es totalmente asunto suyo.

A veces, simplemente no es momento para estas cosas.

Por eso, lo que yo hago es tomarme las cosas con simplicidad, ni más ni menos.

Me limito a vivir la situación y reaccionar de acuerdo a sus circunstancias, aunque no tiene que ver ni con anticiparme ni con responder tarde, una vez ha ocurrido el suceso en cuestión. Vivo anclado al momento.

En términos de artes marciales, no es go no sen (acción posterior), ni sen no sen (acción anticipada)… Sino sensen no sen, acción simultánea. Recibo el estímulo, lo proceso y actúo en concordancia a lo que me produce. Eso lleva a un resultado X. Y ya está, ese es mi secreto. Irrumpir en el flujo del momento y vivirlo mientras ocurre.

Gordon W. Allport escribió: “El neurótico que aprende a reírse de sí mismo puede estar en el camino de gobernarse a sí mismo, tal vez de curarse”. (The Individual and his Religion, MacMillan Co. Nueva York, 1956; p. 92)

Por tanto, lo que aconsejaría, y lo que yo mismo hago es…

Practicar la intención paradójica.

En vez de intentar evitar que algo me ocurra, me expongo a que pase y que sea tan exagerado que no pueda por menos que reírme de ello, aceptarlo y tolerarlo, y en mayor o menor medida controlar mi actuación y mis reacciones respecto de ello.

Varios ejemplos de esto se dan en la Logoterapia, a la cual aconsejo que acudáis en busca de referencia si os interesa el tema de la intención paradójica, que tiene bastante miga.

Un abrazo para mis lectores,

Kheldar

PD: Si te interesa colaborar en la plataforma de contenidos de La Vida es Fluir; bien sea aportando temas, participando y apareciendo en la grabación o facilitando que pueda ser grabado y subido a internet… No dudes en contactar conmigo. En especial si crees que puede serte de ayuda pasar por esta experiencia, y tienes interés en ayudar a otros y compartir aquello que te sirvió de ayuda a ti.

PD2: Recordar a todos los posibles interesados en formar parte de la Comunidad que no es obligatorio sacar a la luz temas o asuntos excesivamente delicados y/o personales. Hacerlo más o menos profundo es decisión vuestra. Nuestro consejo es que cuanto más pongáis de vosotros, más recibiréis de la experiencia.

7 comentarios en “Miedo. ¿Me enfrento a ello, o me hago con ello?

  1. ¡Hola Kheldar! Pues claro que sí. Me alegro que te gusten mis dibujos. Cada cual expresa sus virtudes de una forma, y por lo que veo a tí te gusta escribir, y no se te da nada mal por cierto.
    Me parece super currado e interesante este artículo. Le doy un 10.
    ¡Sigue así!

  2. Jaja, la verdad es que esto no me lo esperaba. Confieso que con tu respuesta y con la entrada-respuesta estoy bastante más satisfecho. La entrada original la veía sostenida en un argumento pobre. Ahora tiene más sentido, aunque se podría seguir hablando sobre el tema muchas páginas, y no renuncio a ello 😉
    También me quería defender diciendo que yo tampoco apuesto por destruir nuestros miedos. Si parece que lo he dicho, ha sido por la ambigüedad de las palabras. Bueno, vale, sí, lo dije jaja, tal vez no lo medité demasiado. Pero tal vez cuando digo “destruir” me refiera más a hacerlo soportable, a conseguir que no te domine. Es decir, lo he destruido en cuanto que ya no es capaz de paralizarme mental, anímica y sensiblemente.
    De hecho me gusta mucho que digas que los miedos son necesarios, ya que son mecanismos de supervivencia. Me encanta que lo hayas dicho porque es una verdad como una ostia como un pan. Lo que no es necesario es que el miedo llegue a una dimensión tal que pierda todo lo positivo que pueda tener.
    En fin, quiero decir que es una cuestión en la que los términos “destruir”, “enfrentarse”, “controlar” e incluso “miedo” pueden considerarse de distintas formas.
    Un saludo

    • No digas defender que lo has hecho genial tio, me has motivado a pensar y a ofreceros algo mejor y más completo.

      Por ello, te doy las gracias. Y te mando un abrazo. Si quieres seguir desarrollando adelante, sea aquí o en el foro.

  3. Viendo las cosas así, cambia la perspectiva. Por alguna razón, me topo con este artículo cuando más lo ocupaba. Me preguntaba cuál es el opuesto del ego: la conciencia. Y prefiero tomar ese camino. Ahora la pregunta se resume en algo simple: ¿qué puedo hacer en mi circunstancia actual para mejorar mi propia experiencia; hacer más vívida la vida; mejorar mis vivencias? Con casi un quinto de vida, me pregunto esto. Vivo a diario con personas que cuentan cosas increíbles sobre ellos mismos, sus relaciones, sus vivenicias… y no dejan de hacerlo en ningún momento. Si nos ponemos psicólogicos, queda claro que de alguna manera estuvieron sometidos a cierto estrés en alguna parte de su vida, reconocieron -y es la parte importante de todo esto- y actuaron en concecuencia. Sinceramente, hasta ahora no me había dado cuenta de ello. Me sorprende cómo algunas personas si aprenden, y otras -me incluyo- no lo tienen tan claro.

    Yo digo que una vez que se pasa la adolescencia -cuando tienes más de 20-, la vida ya no es lo mismo. Y peor aun si no viviste lo que querías, en especial con las relaciones. En fin, que esa idea -a pesar de lo que mi sociedad siempre inculca- de una vuelta y sea lo contrario. No soy quien para decirlo, pero si uno no aprovecha la flor de la juventud, está frito.

    PD: Ya me esperaba la entrada sobre los libros de autoayuda en otro post; otra perspectiva que me ayuda a aprender, espero…

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