El día que descubrí la verdadera reactividad

Curiosamente, he tenido la ocasión de conocer un poco de la obra del padre de la Logopedia, el señor Viktor Frankl… Y a raíz de leer un poquito, curiosear, experimentar y descubrir más cosas, me di cuenta de unas diferencias importantes en lo que piensan algunos y lo que llega a ser en realidad.

Lo que piensan respecto de los términos proactividad y reactividad, uno de ellos difundido por la obra “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva“, y el otro utilizado casi a modo de insulto por personas que ya he mencionado tanto que no tiene caso hacer otra mención… Porque todo el mundo intuye de qué industria hablo.

Hoy toca que hable de lo que es reactividad, bajo mi propia experiencia.

Señoras y señores, hay una diferencia muy importante entre lo que nos enseñan que es reactividad y lo que verdaderamente es la reactividad. Nos venden la idea de que una persona reactiva es una persona violenta y de temperamento desagradable que salta a la mínima provocación. Cuestión que no es incompatible con la verdadera definición…

Pero que no deja de ser diferente de la idea real de ese aspecto.

Una persona reactiva, se ve afectada por todo lo que la rodea: condiciones, circunstancias, el ámbito social… En resúmen, todo su entorno. De hecho, sólo se sienten bien cuando tienen la idea de que todo en su entorno está bienPero no tienen la libertad de decidir sus propias acciones, y centran sus esfuerzos en circunstancias sobre las que no tienen ningún control; como pueden ser los defectos de los demás o los problemas del medio que les rodea.

Por otro lado, esta clase de personas espera normalmente que sea otro el que se encargue de tomar las decisiones, de emprender las acciones que haya que llevar a cabo, y simplemente los siguen. Llegan a creer que no son capaces de hacer nada bien por sí solos.

De hecho, de manera natural son buenos seguidores y ayudantes, tienen facilidad para tratarse con otros de igual a igual y son muy considerados; pero como desventajas presentan que son fáciles de manipular, manejables, sin iniciativa, y siempre piensan y actúan en respuesta a lo que ocurre, o lo que hacen otros.

(Una diferencia importante que me gustaría señalar es, que no actúan mediante la adaptabilidad a las circunstancias sino que suelen hacerlo de modo camaleónico, y se convierten en sujetos pasivos de los hechos que les involucran)

Qué ocurre entonces, cuando están inculcando a una persona una forma de ser y una actitud que es verdaderamente reactiva… Y enseñan que la reactividad es otra cosa, para que no saquen comparaciones y desmonten el tinglado. Pues que se la cuelan a medio mundo, entre otras cosas, es lo que ocurre.

Hay personas que, debido a estas enseñanzas que menciono, se prestan a la provocación gratuita y a los intentos de ataque psicológico o moral; y si muestras cualquier clase de actitud hacia sus acciones ya te califican con esa etiqueta de “reactivo” que les enseñan. Hay que ser totalmente androide según sus creencias; ni emociones ni reacciones, sólo actos despersonalizados se permiten.

Lo cual se contradice flagrantemente con una parte de las definiciones reales de la reactividad, que hablan de personas tranquilas, analíticas y observadoras… Personas que simplemente siguen la corriente de los proactivos. Sí, en ningún momento hemos dicho que una persona temperamental no pueda ser analítica y observadora, pero tranquila…

Esto, además, les hace dar consejos y diagnósticos innecesarios arbitrariamente a las personas de su medio, casi siempre siguiendo expresiones y patrones del tipo “eres como un libro abierto”, o “serías todo un ejemplo de XXXXXX” (suena a síndrome del experto, nada bonito a decir verdad).

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Entre tanto, muchas de las definiciones de reactividad que están dando de manera errada incluyen el hecho de mencionar la reactividad como “expresión de nuestras emociones”, como “respuesta a estímulos externos” (esta suena al concepto acción-reacción), y te dicen que “mostrarte de esta manera destruye tus intentos por socializar y hasta por ligar”.

Y podemos llegar al fin a una definición curiosa. La reactividad como una modulación consciente del comportamiento frente a un observador, cuya presencia es la que altera esa conducta haya o no pretensiones de evaluarla. Por dar ejemplos chocantes a grosso modo, de la misma manera que escribo esto podría estar despedazando pollos, masturbándome…

O cualquier otra cosa que puede resultar desagradable a ojos de otro pero a los míos no tiene por qué parecerlo. Siguiendo con el ejemplo, no sólo se trata de dicha presencia sino de la conciencia de que hay un observador, y de que es consciente de lo que uno hace.

Dicho de otra forma… No es la conciencia de su presencia, sino la conciencia del observado de que el observador es consciente de lo que el observado hace.

Y por lo tanto, el observado actúa en consecuencia para producir respuestas dadas en el observador. Cosa que enlaza con lo del comportamiento camaleónico anteriormente mencionado, un comportamiento que usan abiertamente los adeptos de ciertos círculos para intentar ganar aceptación social y compañía sexual/sentimental.

Y todo esto defendido con una máxima: haz como si lo fueras hasta que lo seas. Desgraciadamente para ellos, tiempo después (y hablamos de años, no de semanas o meses) siguen sin serlo y sin comprender cómo se llega a ser realmente lo que están pretendiendo ser. Han asumido una imagen que los perjudica, les aleja de ser quienes verdaderamente son. Se han convertido en camaleones reactivos.

Cuando llegué a esta conclusión, al mismo tiempo me vino una certeza a la mente. La certeza de que por nada del mundo cambiaría el valor de la autenticidad, y esas palabras que algunas personas llegan a dedicarme a veces… Por el mejor camuflaje del mundo.

Ya que a mi… Me gusta salir al mundo sin camuflaje. ¿Qué hay de ti, querido lector?

Abrazos,

Kheldar

Un comentario en “El día que descubrí la verdadera reactividad

  1. ¿Y qué si ser “natural” te da los resultados contrarios aquellos a los que buscas? Hablas sobre adaptabilidad… te tengo noticias: un camaleón se adapta al medio mediante el color, por su propia supervivencia. Hay técnicas que ayudan en cierta manera, como el hecho de “hacer que te resbale”, a lo que viene siendo el eje de este post. Sin embargo, quiero señalar que hay un punto que se me hace interesante: el tener opciones y el hecho de que te afecte algo. Bien, pues para empezar, si te afecta algo es porque te importa. ¿Qué eso es de “atrapados”, capullos o frikis? Sabes, me importa un comino. A mi me importa, ¿y ti? Opciones en el sentido de poder congeniar con alguien que te interesa, pero por el hecho de mostrarte como eres, resultas rechazado. O peor aún, cambiado por alguien más. Oh, vaya resultado… Llevar algo dentro que no tienes ni la pitera idea de cómo “canalizarla” o aprovecharla en determinada situación. Eso se me hace más palabrería que aplicación en sí mismo. ¿Creencias limitantes? Pueda ser, pero ¿eso implica una relación directa con lo que no consigo? Lo dudo. Ya lo dijiste, cosas externas sobre las que no poseemos control… ¿y qué hay de aquello en lo que sí lo puedes, pero no logras influir; o como queda dicho, adaptar?

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