Caminando hacia la madurez de la propia sexualidad

Este escrito es para tí, querido lector o lectora, si por un casual estás en esa charada que hoy en día conocemos como sexualidad común. Y por común me refiero a la suma global de las cosas que socialmente tienen mayor difusión y aceptación.

Y si no lo estás, quédate con la copla, por si acaso se diera.

En cierto modo, muchas personas ahí fuera consideran un summum el estar saliendo y acostándose con varias personas a la vez, manteniendo contacto sexual frecuente con todas ellas. Que son súper maduros, muy progres, los más abiertos de su panda… Bla, bla, bla. Descuida, que si puedo te describiré aún más.

Es una madurez parcial. Te crees feliz. Crees estar bien follándote a dos, a cinco, a siete, a todas las personas que quieras. Dices sentirte liberado. Piensas que eres distinto, que eres alternativo, que tienes un pasado oscuro, y todas esas cosas.

Te lo crees tanto que hasta, posiblemente, has adoptado descubierto la bisexualidad, y haces eco contínuamente de los estereotipos del palo “hay que follarse las mentes” que tan bien quedan entre los adolescentes (reales y tardíos). Tal vez, incluso…

Romanticismo y pocholería mal empleados -aunque agradables y bonitos, os lo juro que sí- básicamente como decía nuestra querida Binta hace muchas entradas… Para confundir, con la intención de seducir. Convencer, conseguir algo que de otro modo no sería posible alcanzar. En vez de exponerse abiertamente y dejarse apreciar y aceptar.

O peor aún, algo como lo que pasa en la fábula de la zorra y el cuervo… Halago y lisonjería y otros menesteres, empleados para generar la impresión de una conexión real entre ambos, una conexión que no hay realmente, pero que se intenta que haya al menos hasta que se pueda uno refocilar en sus pretensiones sexuales… Y si después todavía dura, tanto mejor. Eso que te llevas, más polvos de regalo… Hasta que la cosa quiebre.

Se nos insta a madurar en todo, incluído en esto.

 

¿Pero por qué hay que ser maduros,

si podemos ser infantiles y divertirnos?

Y mira, sí… Aceptamos este bienestar relativo porque es bueno y nos gusta. Aunque sepamos, notemos, que es INCOMPLETO. Que le faltan cosas y le sobran otras.

Qué locuras, ¿no? Yo que defiendo la idea del sexo como un baluarte de conexión y complicidad con la otra persona, como la forma suprema de comunicación; diciendo a voces que la sexualidad actual es más bien una idea peligrosamente equivocada.

Déjame que te cuente algo.

Los tipos ahí fuera que persiguen ser lo bastante guays y/o famosos socialmente, tienden a asumir que una fama sexual y un estatus aparentemente alto serán lo que les consiga una vida más plena y satisfactoria. Y es posible que tú te plantearas seguir sus pasos.

Probablemente, si lo intentaras, por alguna razón hay opción a que alcances a tener todo ese plantel de relaciones y cuentes con la suerte y la maña necesarias para compaginar todas ellas y verte con todas esas personas… Si te lo propones, seguro que puedes.

Pero hay algo que te va a frenar de ser todo lo feliz y exitoso que quisieras, y es que mientras sigas viviendo de acuerdo a eso, todo tu sustento para la felicidad y la autoestima provendrán del exterior; por lo que es más bien probable que entres en una espiral de decadencia relacional, donde trates de hacer tus polvos más excitantes.

Como si eso pudiera arreglarlo.

¿Y ya que eres tan listo y dices esto,

qué es lo que sí arreglaría esa decadencia que dices?

Deja que te diga que no es cuestión de ser listo, sino de ser realista. Se puede vivir la propia sexualidad con toda esa libertad pero así con suerte terminaremos en relaciones donde, como esos chiquillos que cuando discuten se dicen que “yo siempre más”, la otra persona siempre intentará sobreponerse a nosotros y lograr más, llegar más lejos.

Suponiendo que se acepte la onda progre y la relación sea abierta, es muy probable que si la pareja que se forma no tiene la suficiente cohesión ni se quieren de igual forma (esto es, con reciprocidad); terminen compitiendo estúpidamente a ver quién se tira a más personas externas a esa pareja en la menor cantidad de tiempo posible.

Y no sólo compitiendo sino llegando a pelear entre ellos.

Con lo cual, la solución para mí es y siempre ha sido muy sencilla…

Y ahora mismo, más que nunca.

  • Ama y haz lo que quieras. Así, aunque se caiga en que la pareja no se obligue a estar cerrada a personas externas, el hecho de que las haya no joderá la relación… Siempre y cuando ambos estén de acuerdo y puedan vivir bien en base a esto.
  • Ama y haz lo que quieras, pero cuando estás con la persona adecuada no hace falta que dés explicaciones de lo que haces… Salvo que le hagas daño o te pongas (o bien os pongas) en peligro. Si te dejan la libertad de no tener que explicarte, confían en tí. Aprecia eso, atesóralo, no lo deshonres. Intenta aprovechar la confianza otorgada.
  • Ama y haz lo que quieras… Pero con cabeza y sinceridad. Personalmente, soy más feliz viéndome un sólo día con una persona que me importa mucho y a la cual quiero profundamente, que follando a diario con muchas personas. Y eso no quita que me guste follar a diario, que me encanta… Pero me llena más lo otro.
  • Ama y haz lo que quieras, pero hagas lo que hagas responsabilízate de tus actos y palabras. No tengas el atrevimiento de engañar con músicas celestiales si lo que quieres es meterla en caliente o que te rellenen el bollito. El sexo por placer sigue siendo posible y agradable, y socialmente da lo mismo esto que aquello. Queda mejor que empezar relaciones que vas a romper en cuanto se te pase el picor de la zona… Así que ten un poco de respeto; por ti y por los demás, y por lo que sentís.

Pero aunque no te apetezca hacerme caso y propósito de enmienda, por favor te lo pido. Ocúpate de ser sincero con lo que realmente necesitas y sientes. No tengas miedo de ir detrás de ello, si te rechazan siempre te queda masturbarte y es posible que hasta lo disfrutes más porque, a fin de cuentas…

Se supone que te conoces mejor que nadie.

Hasta la próxima,

Kheldar

Un comentario en “Caminando hacia la madurez de la propia sexualidad

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