INNOVACIÓN-CREATIVIDAD (1) Ser innovador no es ver cosas diferentes, sino verlas de una manera diferente.

Para hoy os traigo una colaboración un tanto curiosa, tomada de un blog bastante más curioso que la colaboración en sí. La única premisa fue dar crédito a su autor y eso queda hecho al final del presente texto. Desde valladolidmemata.blogspot.com, nos presentan este texto que no es sino el inicio de una serie. Disfrutadlo.

Cuando se plantea el término innovación mucha gente expresa, con un absoluto convencimiento, ideas peregrinas acerca de la innovación y los innovadores.

Muchas personas con las que he hablado describen al innovador como alguien necesariamente raro, infrecuente, un ser diferente y anómalo por cuyo cerebro circulan cuadros abstractos y poco mas, es difícil encontrar alguien que defina al innovador como una persona con un doctorado y varias patentes a su nombre.

Generalmente creemos que los innovadores, los creativos, son personas con ideas nuevas, pero no es esa mi idea, personalmente opino que un innovador, en la mayoría las ocasiones no es aquel que aporta una nueva idea, sino alguien que recoge una idea vieja y la retuerce, la exprime hasta convertirla en algo diferente.

Cuentan por ahí que Steve Jobs no ha inventado el ordenador, ni el ratón, ni Windows, ni internet, ni la impresora láser, pero que en 1979, con 24 años de edad, trabajando para Serox, en una visita por Silicon Valley vio el ratón y los iconos en la pantalla, así como las ventanas que se abrían y cerraban. Nunca antes había visto este tipo de acercamiento a la computación, pero inmediatamente captó que juntando todo aquello había algo nuevo y diferente, se dice que exclamó “Esto es el futuro ¿verdad?”. Doug Engelbart, el inventor del ratón, había echado su cuarto a espadas de otra manera al afirmar que “Predecir el futuro puede ser lo más importante y para ello lo mejor es…inventarlo”.

Steve Jobs se fue con la idea y el planteamiento a crear Apple y dijo, rotundamente convencido, que había que dejar todo lo que se estaba haciendo y que la manera de hacer un ordenador personal era aquella que él tenía en la cabeza. El resultado fue Macintosh. El resto sería ir por un camino trillado.

Existe un mito en Silicon Valley sobre este hecho que consiste en contarlo de otra manera, ese mito presenta a Jobs como un ladrón y Xerox una víctima, pero no es verdad, Jobs incluso ofreció a su antiguo empresa la posibilidad de abandonar las limitaciones de sus monstruosas creaciones (en aquel momento) e invertir en Apple, pero no supieron ver lo que aquel hombre les ofrecía, algo que funcionaba mejor y era más barato. No fue fácil, el ratón tuvo que ser rediseñado con la ayuda de Dean Hovey para que dejara de ser un mamotreto enorme y caro (tres botones, inexacto y con un valor de 300 a 400 dólares ¡de entonces!), rebajaron su valor a quince dólares y funcionaba perfectamente en todas las superficies.

A veces se trata de recoger una idea, tal y como sucedió, por ejemplo, con los aviones de reconocimiento AWACS no tripulados, en este caso fue un militar soviético quien los pensó, pero fue el ejército de Estados Unidos el que perfeccionando determinadas cosas los construyó, por fin, el ejército israelí retorció aquella idea y modificó lo existente para convertirse en los reyes de este tipo de artilugios. Habían cambiado la forma de hacer las guerras, de ese desarrollo nacieron también los misiles guiados de precisión.

Esto nos deja una lección, las revoluciones en el campo tecnológico moderno son tan complejas que nadie puede dominar o innovar en todas las áreas, sino recoger ideas de diferentes expertos y ser capaces de ver nuevas posibilidades, pudiendo suceder incluso que el padre de la idea no esté presente en el desarrollo final. Volviendo al ejemplo de Xerox podemos plantear que el hecho de ser los primeros en tener una determinada tecnología, impide o reprime la posibilidad de sacar el máximo provecho de esas tecnologías por la tendencia a la continuidad o la prepotencia de creer que no puede haber nada mejor.

Steve Jobs no fue el primero con el ordenador de sobremesa, ni con el mp3, ni con el iPod, trabajaba con seis años de retraso en el negocio de los teléfonos inteligentes, llegó tarde al iPhone y sin embargo, introdujo la innovación suficiente para alcanzar una posición dominante. Por tanto, si pensamos en el innovador como aquella persona que es la primera en concebir algo, tal vez estemos errando en nuestro criterio. Quizá el innovador sea aquel que está en segundo, tercero o cuarto lugar en un determinado campo.

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