Para ti, para mí, y para nadie en concreto

Como siempre, tiendo a decir lo que pienso y siento de la manera más abierta, directa y honesta que soy capaz… Por supuesto, todo lo que expreso de esta forma pasa por la criba de la realidad: si no es cierto, me lo callo. Ni finjo, ni maquillo, ni me disfrazo por agradar.

Demasiado decepcionan ya las expectativas, como para ayudar yo con el engaño.

Demasiado decepcionan ya solitas las expectativas, como para querer yo formar parte del engaño.

¿Quieres saber por qué lo hago?

Es una respuesta escandalosa, la que pertenece a esa pregunta.

Porque es lo único que verdaderamente “funciona” para estar cerca de los demás. Y como ventaja añadida, está el hecho de que me expresa a mí, y no a otra cosa.

Con lo que he dicho ya, si quisiera, podría terminar este escrito con apenas cien palabras… Aunque ambos sabemos que no es mi costumbre quedarme tan corto. De todas maneras, no quiero extenderme más de lo necesario… Pero añadiré algo, bastante importante para mí… Y tal vez para ti.

Para que te hagas una idea de hasta qué extremos llega este asunto, te diré que hace apenas unas horas, alguien que me importa bastante me ha sorprendido diciendo esto:

Me has ido ganando por como eres.

Y sí, me ha puesto el alma en vilo.

Y sí, esta persona va a leer este escrito.

Y no, no tengo ni puta idea de lo que me dirá después.

Pero para que todo esto sea posible, hay una condición ineludible:

Yo he debido ser quien soy, de manera que pudieran conocer lo que soy.

Y aunque parezca una obviedad, dejarme conocer sin tapujos y sin mascaradas, es la única cosa que hago y que realmente aporta algo a mi vida hoy en día. Quien se queda sabe que es más que bienvenido, y quien se marcha… Si quiere, volverá algún día.

Y si no, tampoco voy a salir a perseguir a nadie.

Últimamente estoy manteniendo discusiones con individuos que defienden que todo se basa en el aspecto externo y en banalidades varias: en tener dinero (o aparentarlo), tener un cuerpo trabajado y cuidado, y todo aquello que influya en tu presencia. Estas personas tienden a decir que el dinero y el atractivo físico son lo que de verdad te abre las puertas a una vida social y sexual rica y variada en experiencias…

¿El problema? Que perpetúan una mentira y un estereotipo.

Hay pocas cosas que te definan menos que tu apariencia, tu dinero, o tu profesión.

Como todos sabemos, no todo el mundo se dedica a trabajar en aquello que realmente le apetece hacer. Y aún en los casos de personas que sí, está el hecho de que no sea por vocación… Con lo cual, se nota mucho la diferencia.

Estamos hablando de personas que de entrada no hacen que su labor en la vida exprese su verdadero ser… Pero en sí, es normal. Con la que está cayendo, mucha gente dice que no podemos ponernos exquisitos en temas de trabajo… Entre comillas.

Así que, voy a hacer lo que hacen muchas personas que conozco: dejar aparte el tema del trabajo y saltar al del aspecto. Y lo voy a hacer señalando una obviedad…

Cuando digo estrafalario, hablo de cosas así.

Cuando digo “peinados estrafalarios”, hablo de cosas así.

En muchas ocasiones, el aspecto es una máscara más.

Y como tal… No tiene por qué ajustarse a tu realidad. Probablemente tu aspecto quiera darle a los demás una cierta impresión sobre tu persona, cuidadosamente escogida por ti.

Pues bien, mi aspecto no.

Quienes me conocen en persona ya no saben cómo clasificarme: saben que tiendo a llevar peinados estrafalarios, perilla, barba descuidada de vez en cuando, los zapatos sucios, y una variedad de vestimenta suficiente para no encasillarme en ningún estilo.

Mi aspecto dice solamente un par de cosas: comodidad y anti-tendencia.

Esto se debe a la sencilla razón de que me guío por un principio de no querer comprar la atención y el interés de los demás, y menos todavía por mi aspecto. En esto me considero un poco asceta, aunque tampoco es que me haya abandonado a mí mismo.

Sencillamente, las dos anteriores son cosas que no me representan… Si no me expresan. Y la mayor parte de las veces no me expresan, como tampoco lo hace el dinero que tenga.

¿Pueden influenciar mi vida de alguna manera? Seguro.

¿Esa manera va a ser siempre buena? Ni de coña. Te presento la afluenza.

Por este nombre se conoce a la sensación de insatisfacción debida, entre otras razones, a la persecución de la riqueza material y al intento por estar siempre a la par del resto de personas en este aspecto. Puedes informarte mejor sobre la afluenza aquí.

El motivo real por el que os menciono este concepto, es porque no considero que sea exclusivamente económico… Sino que su verdadero peligro es el hecho de que describe los resultados de querer encajar a toda costa siguiendo moldes, modas y tratando de conseguir siempre los últimos avances y tendencias en cuanto a lujos y comodidades de la vida moderna. Y yo tengo un buen amigo que sabe lo jodido que es vivir así.

Algunos de vosotros le conocéis, pero yo no voy a desvelar su identidad. Si quiere, es más que capaz de hablar por sí mismo sobre esta situación.

Entonces, mi mejor consejo en estas lides sería el siguiente.

Atrévete a ser tú mismo, a expresar tu realidad, y desligarte de la afluenza.

Y hazlo como te salga de las narices… Pero hazlo a tu manera.

Con los tiempos que corren, me he rodeado de personas que persiguen expresarse a sí mismas y ser felices… Nada de vanidades como la riqueza o el éxito social/sexual per sé. Desde luego, hemos acabado por formar nuestra propia comunidad, y de cuando en cuando nuestras reuniones marcan hitos en la historia de nuestras vidas.

Ello hace que en cierta manera, hayamos dado en crear y compartir distintos contenidos, con el único fin de allanar el camino a quienes quieran recorrerlo con nosotros.

Compartimos juntos el sendero por este laberinto que llamamos vida.

Compartimos juntos el sendero por este laberinto que llamamos vida.

Como podrás notar, siempre digo -y es cierto- que mis escritos nacen de un colectivo. En concreto, nacen de…

Todas las experiencias que compartimos.

Todos nuestros sueños y aspiraciones, y las acciones que emprendemos juntos para hacerlos realidad.

Todo lo que conforma nuestra identidad y nuestra historia personal.

Toda nuestra esencia… Que para ironías de la vida, es el verdadero pegamento de lo social, sexual y sentimental.

A raíz de eso, es posible que existan mis libros y programas. Y gracias al bienestar que nosotros (tanto yo como las personas implicadas) recibimos, sigo escribiendo y organizando actividades y proyectos. Solamente por todo lo que compartimos, y por lo que ello produce en nuestras vidas, es que sigo adelante con LVEF.

Porque las buenas costumbres no hay que perderlas.

Y si quieres obtener o recuperar unas cuantas buenas costumbres…

Te aconsejo que te hagas un regalo a ti mismo: descubre “Vivir la Vida”. Por demás, me resta desearte una feliz semana… Y despedirme dejándote un regalo de cosecha propia:


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Muchísimas gracias por tu atención, compañía y colaboración.

Un abrazo, y vuelve cuando quieras.

Kheldar

Un comentario en “Para ti, para mí, y para nadie en concreto

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