Felices todos, pero sin Soma

Cuando hablo de Soma,  me refiero a la droga sintética que aparece en la obra de Huxley… Aunque a varias personas pueda parecerles que hablo del productor barcelonés que trabaja con ZPU. Esta droga está inspirada por un Soma real, presente en la tradición de la antigua India con tanta fuerza que tiene tres manifestaciones: un dios, una planta, y un bebedizo preparado con dicha planta.

Y dónde esta Dios?

(Photo credit: ing jorge)

Se dice de ello que es diferente a la mayor parte de alucinógenos y enteógenos que existen, y aunque se ha perdido constancia de qué planta era el verdadero Soma, todavía hoy se le reconoce su efecto vigorizante y embriagador.  De hecho, creían que (como ocurría con la ambrosía de los griegos) quien la bebiese también se divinizaba.

En cambio, el Soma que se describe en Un mundo feliz es una droga de sometimiento, que bloquea las emociones y destruye los recuerdos; al mismo tiempo que deja al consumidor abierto a la sugestión que logra convencerle de que es feliz a pesar de todo lo que pueda inquietarle.

Si nos paramos a pensar sobre ello; a muchas personas le extraña que alguna otra se dé al consumo de sustancias con la excusa de producirse a sí mismos, indistintamente, tanto el primer efecto como el segundo… Y tantas otras lo tienen asumido como lo normal.

Pero afortunadamente, ahí queda eso. No vamos a hablar de mi opinión al respecto de la euforia colectiva. Tenemos algo más importante entre manos.

Genera Soma de tu propia marca, con Alquimia Interior

Cuento esto porque, hace unas semanas, un amigo y compañero llamado Miguel Guzmán quiso contar conmigo para un taller llamado Autoestima Incondicional. En concreto, en un apartado donde explora perspectivas para la felicidad, siendo una de ellas la Fluidez.

A su juicio (y que conste que me siento totalmente halagado), la mía es una de las perspectivas reseñables en cuanto a la vía práctica de vivir feliz y disfrutar la propia vida.

Fue ahí cuando le invité a revisar los textos sobre el Juego Fluido y contactarme de nuevo.

Hasta ahí lo curioso no aparece… ¿O tal vez si?

Hagámoslo más evidente, entonces.

Digamos que si yo ya me planteaba hablar de medios autógenos (es decir, propios o facilitados por uno mismo) para encontrar la felicidad, él me invitó a llevarlo más allá todavía: potenciarlos, organizarlos y transmitirlos; de manera que pudieran convertirse en fuente de una felicidad incondicional y más global.

Entonces, le relaté lo que yo haría en su taller, si finalmente decide invitarme para tomar parte desde la palestra. Y le hablé de la propuesta de Identidad que tenemos dentro de las Cinco Esferas de la Alquimia Interior. Le hablé de lo que os voy a contar ahora…

Y de más cositas, que guardaré para el momento oportuno.

A lo largo de toda la trayectoria de este blog (y gracias a los acontecimientos de todo este año), llegué a hacerme una idea precisa y certera sobre la felicidad. De hecho, tengo una conclusión inamovible: nadie es feliz sin atender por sí mismo unos puntos clave.medium_eventos_ciclodecharlasnuevaacropolismayo

Señalar y subrayar que debemos atenderlos nosotros mismos tiene un motivo concreto: si uno mismo no toma parte -reflexionando y efectuando decisiones, principalmente- cualquier acción auxiliar y todo posible intento de facilitar el cambio (o de educarnos para ser más capaces de gestionar nuestras esferas interiores), cae en saco roto.

Vamos a repasar esos puntos, porque ya los hemos nombrado antes:

  • Autoconocimiento: dicho a las claras, te diré que si no sabes quién eres ni los cambios que se producen en tu persona, tampoco sabrás si tu vida se dirige a un lugar que te haga sentir verdaderamente bien. No sabrás si hay cosas que quieras y puedas cambiar para estar mejor, y caerás en el lado oscuro del siguiente punto.
  • Autoaceptación: es imposible cambiar aquello que no se conoce, y menos si no se comprende al menos en una medida. Esto es axiomático. Para uno mismo, de hecho, el problema es mayor porque si no nos aceptamos incondicionalmente hacemos brechas en nuestra identidad… Y perdemos parte de nuestra plasticidad.
  • Autoexpresión: si te paras a pensarlo, esto del ser feliz incluye que hagas algo con tu actitud, con tu pensamiento y con tus hábitos; pero no me refiero a vapulearlos con sustancias varias, sino a otra cosa… A manifestarlos. El ser humano se construye a sí mismo en interacción con su medio y con la cultura en la que habita, y si se limita a dejarse anular como individuo por temor a ser rechazado por el grupo; todo lo que le queda es sufrir. Por no atreverse a ser quien realmente es, y por no rodearse de personas que le acepten tal como es (y le inspiren la confianza necesaria para no esconderse detrás del consenso).
Cuando uno tiene en cuenta todo esto…
Debe aprender (o recordar) dos cosas:
  1. Que si se conoce, se acepta, se expresa y se construye estará cumpliendo una función vital intrínseca; y puede dotarse de nuevos propósitos libremente.
  2. Que la cultura puede ser construida por el individuo y por la gente de la que se rodea, y se puede propiciar un entorno donde lo normal sea ser honesto, abierto, y auténtico. Es decir, donde lo normal es el Amor Propio.

Entonces, y dicho todo esto; lo único que quiero proponerte para que seas feliz hoy mismo es que te tengas más en cuenta… Que te quieras y te cuides. Y que te compartas.

Hora de cambiar las perspectivasEl mundo está deseando tener más de ti. No les dejes con las ganas.

Además, lo más bonito es que tanto como inviertes en felicidad, tanto te llega de vuelta… En especial si es en una felicidad compartida. Esto no es como en los negocios, donde tu inversión puede irse al carajo a la mínima fluctuación.

La única forma segura de llevarse bien con los demás es ponerse a su altura, y comunicarse abiertamente con ellos.

Aunque esto no significa que tengas una garantía, así que por favor te lo pido… No seas de esos que basa su felicidad y su autoestima en “resultados”.

Piensa en esto: aunque el ejemplo puede ser desacertado, hay gente “buenecita” que hace montones de cosas y no consigue que los demás les aprecien… Y también hay gente que haciendo mucho menos (o sencillamente, actuando distinto), sí lo consiguen.

¿Sabes por qué es esto? Por lo que llaman hidden agenda, o bien intenciones ocultas.

Si tú haces un gesto A para conseguir un resultado B, estás intentando manipular…

Y la gente suele rechazar a los manipuladores, quienes suelen afanarse en encontrar personas a las que puedan influenciar y sangrar a su antojo.

¿Es peligroso? La verdad es que sí… Porque cuesta mucho salir de ahí.

Esa burbuja de mediocridad se mantiene estable por sí misma, y la decadencia se puede perpetuar… De hecho suele hacerlo, ya que quien recurre a estos y similares medios para obtener lo que quiere, no tiende a variar su proceder aunque conozca maneras mejores de actuar y relacionarse.

Quien manipula conscientemente tiene una vía fácil pero yerma: arrancarles lo que desea a los demás. Convencerlos de que en realidad quieren darle lo que les exige. Someterlos para que lo hagan, tanto tiempo como le sea posible… Y es posible que disfrute.

Pero no es realmente feliz, jamás.

¿Qué te propongo entonces?

Que olvides la manipulación…

Y seas alguien honesto y abierto, pero incondicionalmente. Por la satisfacción que te aporta saber que alguien puede amarte por ser simple y llanamente quien eres, y es tu amigo o tu amante por eso mismo. Por el placer de compartir tu vida con gente así.

Por la felicidad de volver a tus raíces…

Y nutrirte de nuevo con tu propia esencia…

Y poder trasladarla a todo aquello que conforma tu vida.

Recuerda: agradece por tu Vida, y ama incondicionalmente tu Ser.

Toda felicidad nace aquí. Todo lo demás únicamente añade a su caudal.


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Muchísimas gracias por tu atención, compañía y colaboración.

Un abrazo, y vuelve cuando quieras.

Kheldar

Un comentario en “Felices todos, pero sin Soma

  1. Leí el libro hace unos meses y sabía que algo tenía por enseñarme. Lo acabas de retomar, y la forma en la que el libro expresa los contrastes entre la felicidad y el dolor son parecidos a como tu lo haces con el ejemplo que das sobre las drogas.

    En cuanto a las intenciones ocultas, es un tema delicado y sutil. En primer lugar, desatarnos de un resultado es algo que no podemos hacer totalmente. Por ejemplo, vemos a una chica y sabemos que nos atrae. Hablamos con ella y nos parece interesante. Y ahí, surge el deseo de ir por algo más. Ahora, también debemos poner en coalición el tema de la decisión. Ella simplemente puede aceptar o no ir más allá.

    Y en segundo, es claro que si uno es feliz, lo demás es dado por añadidura. Pero aún así, eso no debe de ser una excusa para no buscar lo que deseamos. Vemos a parejas felices, besándose y mostrando su amor al mundo y nos preguntamos: ¿qué dijo/hizo/pensó/sintió/habló para que ella estuviera con él? Y es ahí donde surge la manipulación que mencionas. “No tenemos lo que otros sí”, nos decimos. Tal vez sea cierto en cierto grado, porque a lo que he visto, es que uno mismo, a partir de su propia esencia, es la que permite que un relación dure días, meses o años… sumada a la de la otra persona. Es algo muy metafísico.

    Dices bien que eso es muy tóxico. Creo que eso de buscar una novia, tratar de conquistarla, o llevarla a tu cama, es una forma de manipulación. Y no veo algo realmente malo en ello. El mundo funciona así por su inercia. Gente se acuesta con otras por mil razones. El ser aceptado por los demás es un logro, pero no uno total. Falta un componente; falta mezclar ese carisma con tu propia energía oscura.

    Por supuesto, me gustaría tener algo físico con esta deslumbrante chica… ¡explorarla en toda su gloria!“, diría Zan. Eso es tener intenciones. Y más que tener intenciones ocultas, es el hecho de no expresar esas intenciones, sin importar el resultado. En tus palabras, mostrarte incondicionalmente; ser tú mismo tanto si sale bien como si no.

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