A veces hay que tomar un tono completamente irreverente para hacer notar las cosas.

Mucha gente sabe que me identifico con los bufones, porque eran los únicos que podían decirle la verdad al rey sin miedo a perder la cabeza por ello.

Así pues, permitidme ser vuestro bufón hoy.

“Cuando amanece el día, y el cielo pinta tus ojos negros…” (Estopa)

Todo día suele comenzar, como es habitual, despertando. Da igual el momento, el caso es que algo te saca del coma voluntario que usamos para reponer fuerzas.

Y aquí hay varias causas, aunque las más comunes son un despertador, un ronquido cafre o un pedo que se revuelve contra uno.

Podemos comprobar que seguimos vivos cuando ese pedo suena fuerte o por largo tiempo, ya que es bien sabido que los muertos no pueden apretar el culo (así que no te preocupes, que olerá mal cuando te encuentren muerto, pero el ambiente será como Batman: una peste silenciosa pero letal).

Nunca se sabe si por la cena de la noche anterior, por haber tragado aire durante el sueño o simplemente por pura relajación, pero lo cierto es que en cada despertar se oyen truenos.

Ya sea el propio pedo el que te despierta o la molestia de no poder soltarlo, el caso es que este es el saludo más frecuente al nuevo día… Y no el saludo al sol.

A veces tiende a escaparse antes de haber podido apagar la alarma, o junto a uno de los despertadores naturales más habituales: “me hago pis” (y es que el que mea y no pee, es como el que va a la biblioteca y no lee), “tengo hambre” (luego hay que hacer sitio), “la costumbre” (y ya que estamos, empecemos ligeros el día), “una cita importante” (así que prefiero echarlos aquí), o cualquier otro que puedas imaginar.

Entonces, todas las mañanas suelen comenzar igual: con visitas urgentes al baño, o bien cogiendo el móvil y enhuerando en la cama o en el propio baño.

¡Exacto! La mayoría miramos el correo y las notificaciones de las redes nada más levantarnos. ¿Y qué?

Pues que cometemos un terrible pecado, según los expertos en productividad, y una muestra de costumbrismo humano según cualquier otro individuo… Pero el caso es que todos vamos derechitos a ver lo que nos hemos perdido mientras dormíamos.

Aquí ya empiezan las ligeras diferencias en nuestro día, ya que cada uno intenta cumplir con los rituales matutinos con los que busca consuelo, bienestar y empezar con buen pie

Con lo que cada uno entiende por un buen comienzo, claro.

Aquí hay tantas maneras de comenzar un día como puedas imaginarte… Y hasta unas cuantas que no se te ocurrirían jamás. Como por ejemplo, no salir de la cama y hacer lo que te apetece desde ahí. Pero como no suele ser un plato al gusto de todos…

Para algunos esto de “empezar bien” puede ser algo tan sencillo como pausar cinco minutos y meditar acerca del propósito de ese día, poco antes de correr a boxes para maquearse, ponerse guapos y salir pitando hacia donde quiera que lo esperen a uno.

Para otros puede ser preparar un cierto tipo de desayuno, practicar alguna rutina en busca de disciplinarse y trabajar alguna cualidad, o quitarse del medio lo más pesado y asqueroso que tengan programado para ese día cuanto antes.

Y para otros es el mítico café y cigarro, y luego se van a plantar el muñeco de barro con el periódico, un libro, un aparatito electrónico o lo que surja.

Bien, una vez hecho esto, nuestro día vuelve a parecerse: todos pringamos de una forma u otra para ganarnos el pan. Da igual cuál es nuestro sector, nuestras áreas de expertise, nuestra modalidad de trabajo, y nuestra práctica habitual.

Todos pringamos.

Algunos contamos con la posibilidad –siempre reclamada y mantenida a sangre y fuego– de decidir cuánto de nosotros le dedicamos a las cosas y por cuánto tiempo. Y otros asumieron compromisos y se hipotecaron. Ahí no hay dobleces: todos buscamos lo que más cómodo y beneficioso nos resulta. Y a todos nos parece oportuno jodernos de algún modo a cambio de cualquiera que sea la ventaja que le vemos a ello.

Volvemos a diferenciarnos cuando toca tomar esa decisión… Y cuando a algunos les da por justificarla de maneras extravagantes, como si fuese algo excepcional y totalmente fuera de norma, en vez de una posibilidad más dentro de un abanico de ellas, perfectamente naturales todas.

Como si la vida les hubiera obligado a tomar esa ruta o morir en cualquier otra.

Una vez completado el cupo de trabajo (aunque siempre habrá quien te quiera hacer pensar que “no trabaja porque hace lo que ama”, en un alarde de ingenuidad pseudo-positivista), entonces empieza lo bueno: el tiempo de ocio, el tiempo “libre”…

Y con el mismo, el momento de posturear.

Ya sea la última moda en dietas, en “hábitos saludables”, en ocio y cultura o en vida progre, aquí cabe de todo: desde ir de tapas o gintonics hasta plantarse en un bar gamer, pasando por ir a tomar cervezas rodeados de gatetes y perritos recogidos, pues no hay límites a lo que te puedas encontrar por ahí…

Absolutamente todos tenemos nuestro cliché. ¿Cuál es el tuyo?

Haremos prácticas de artes marciales, o de cualquier otro arte o deporte. Iremos a aprender algo. Iremos a enseñar algo. Iremos a relacionarnos. O nos iremos a nuestra fortaleza y nos encargaremos de consumir nuestro conjunto de vicios favorito: escoja entre Netflix, Crunchyroll, Steam, Kindle, y en definitiva cualquier plataforma de contenidos y videojuegos que permita conseguir los que uno quiere, por la patilla y sin desembolsos (y a veces hasta legalmente), y no fallará.

En algún momento entre todas estas cosas, la gente come y eso.

Bueno, no toda la gente. Algunos ahora practican ayunos cuando les da la gana. Y a otros no les da tiempo (dicen) durante el ajetreo de su rutina.

Luego, suponemos que todos tenemos tiempo y ganas de poner un poco de salseo y amor físico en nuestra vida, ganas (normales, no locas) de hacer una propuesta indecente y compañía con quien darle salida.

Ese momento no entiende de normas, y disfruto de ver las que la gente le pone. Por ejemplo, hay quien dice que desde que amanece apetece, y hay a quien hay que bailarle el agua. Hay quien prefiere un mañanero, uno de sobremesa o uno de buenas noches… Hay quien parece que se los recetó el médico, porque se meten uno después de cada comida.

Por supuesto, puede pasar que uno llegue a esos momentos tan desastrado y sin sustancia que no quiera ni que le roce el viento. Y también puede pasar que haya personas que se pasen el día con ganas y puedan oler las de los demás, incluso. En esto vuelve a haber variedad.

El caso es que una vez cumplidos los rituales de ocio, nos ponemos con los de relajación y preparación para despedir el día y descansar hasta mañana.

Y ahora hablemos del mantenimiento…

Observarás que hasta ahora no había mencionado para nada la higiene personal.

Mucha gente tiende a dejarlo para este momento, y un amplio sector no lo hace a diario. El segundo amplio sector lo hace varias veces a lo largo del día.

Y el de los moderados, no tan pequeño como cabría pensar, hace las cosas conforme ve la necesidad de ello, ya que conoce sus ritmos y procura no fastidiarse el órgano más grande del cuerpo (que es la piel, mente sucia).

Hay a quienes les gusta empezar el día con una ducha fría y terminarlo con una caliente. Hay a quienes les parece todo un ritual hedonista el tomar un baño, y se regalan con ese momento.

Y de ahí uno se va a la cama. Solo o acompañado, a dormir o a lo que surja (picar en la cama, leer, jugar, ver o escuchar algo, follar, y hasta dormirse directamente aunque querías hacer otra cosa).

Y mientras tanto, sigue uno teniendo que limpiar la casa, fregar los platos, pagar las facturas, sacar la basura, cuidar de los niños o las mascotas (o ambos), visitar a la familia y cumplir con lo ineludible…

Porque al fin y al cabo, la vida de un emprendedor, de un nómada digital o de un gurú había que desmitificarla… Ya que es exactamente como la tuya.

Un intento de vivir (mejor dicho, de vivir bien) sin que se note hasta qué punto estamos improvisando.

¿Te ha quedado lo bastante claro ya?

Si te has echado unas risas, puede que incluso a tu costa, no dudes en compartir esta entrada. Estarás de acuerdo conmigo en que a todos nos viene bien este baño de humildad y realismo.

Sergio Melich (Kheldar)Autor: Sergio Melich (Kheldar)
Pedagogo al 90% y subiendo. Comunicador y mentor por vocación (y pronto, más cositas). Autor de las webs La Vida es Fluir & Play it Sexy!, Aventurero y Heartist (persona comprometida a vivir, crear y obrar con cabeza, corazón y conciencia). Escribo sobre el Buen Vivir: autoaprendizaje, estilo de vida, habilidades sociales, relaciones y más.

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4 comentarios en “Cómo viven su día a día tus gurús favoritos (y cualquiera que hace lo que tú admiras)

  1. un texto hablando y extendiendose lo mas que se puede en las cosas banales del dia a dia. Para decir que todos tenemos el mismo dia de mierda o el mismo dia bueno dependiendo del caso y del momento.
    Ya lo hemos hablado otras veces Sergio, parece que leemos a supermanes que se llevan todo el dia ligando en la calle, la noche de fiesta con interacciones superguapas cada 2 minutos y que nunca estan aburridos mirando el movil y que en su rato libre se dedican a escribirnos lo que pasa. Suele ser un pensamiento habitual lo de encumbrar. Siempre viene bien descubrir la parte humana de cada uno, aunque eso no suele mostrarse, aunque muchos hablan de ello, solo escribiendolo pero sin mostrarlo. No se escuchan rechazos, ralladas o semanas aburridas y normales sin mas. Parece que todo es glorioso. Y no.

  2. Comparto el momento postureo, por lo menos lo intento jejeje, la verdad es que tristemente todos los seres humanos somos iguales, todos hemos dicho en alguna ocasión “tú a mi no me has visto enfadada” etc, trabajo como profesora y hay veces que parece el día de la marmota y no distingo unos alumnos de otros, saludos y besos

  3. jajaja, pues así es, a veces nos parecemos a los demás mucho más de lo que creemos. Nos imaginamos que la vida de los demás es super glamurosa y al final tiene de todo como la nuestra. Bueno y que además también está bien eso de tener días improductivos, tirado en el sofa viendo la tele en pijama y comiendo helado, la vida es más simple de lo que pensamos

  4. Bueno, las redes sociales han transformado nuestro mundo la verdad. Tiene sus cosas buenas y malas como en todo. Lo malo que se virtualice todo, las comunicaciones, lo que compartimos o queremos mostrar, las vidas ‘idílicas’ pero siempre hay trasfondo en todo y claro que hasta los más influyentes y exitosos tienen sus problemas y necesidades como todo el mundo. Y hay un ejemplo claro cuando el hecho de conseguir likes se vuelve en una obsesión y como lo más importante en la vida… No hay que dejar que las redes o el móvil te controlen.

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