Demasiados bultos bajo la alfombra

Si hay algo que caracteriza a la sociedad actual, es precisamente nuestra tendencia a esconder todo lo que no nos parece bonito, deseable o positivo (especialmente desde que se puso de moda el pensamiento “sonríe o muere”).

Hay algo que no tenemos en cuenta en estos casos: la mierda que uno esconde tiende a enconarse, a descomponerse y a crear mierda todavía peor. Más difícil de limpiar, y con mayores consecuencias.

Otra cosa que no solemos tener en cuenta: todas las emociones que reprimimos o no expresamos por pensar así van a jodernos incluso más. Son el veneno del alma, y no se puede culpar a nadie por dárnoslo. Es cosa totalmente nuestra.

El resultado, por desgracia, suele ser una desconexión de la persona que se castiga de esta manera… Y por consiguiente, todavía mayores dificultades para resolver la situación. Porque, por suerte o por desgracia, somos seres sociales.

Y tanto si es porque nosotros mismos nos alejamos, como porque alejamos a los demás con todo el mojón que podemos llegar a cargar… La cosa está que jode. Sigue leyendo

Cuando la vida no fluye

Hoy me apetece que hablemos en el blog acerca de los peores tipos de estancamiento. Es un tema que hemos tratado y que vamos a seguir tratando hasta que termine marzo, el mes dedicado al Lado Oscuro de la vida.

En estos meses, mi trabajo se orienta en torno a la Comunidad que hemos creado en este proyecto. Para quienes no estén al tanto, se trata de un círculo privado en el que nos reunimos para tratar temas candentes y duros; de esos que suele costar mucho sacarlos con tus amigos de siempre o con tu familia, pero que necesitas tratar.

De hecho, este es uno de los temas que más relación tienen conmigo y con una parte de mis circunstancias personales. Ya he contado mis atascos hasta donde no invado las historias vitales de otros, tanto en este blog como en el resto de mis redes.

Si quieres cotillear un poco sobre mi pasado y los orígenes del proyecto, lee más.

Si quieres encontrar una posible solución a estos estancamientos, lee más.

Y si no te interesa nada de lo anterior, cierra la página y santas pascuas. 🙂 Sigue leyendo

Nuestro legendario personal – cómo nos afectan las historias que contamos sobre nosotros

                                        

Somos narradores…

Eso es lo que diría si me preguntas por lo primero que me viene a la cabeza para describir a los seres humanos.

Cuentacuentos. Historias con patas que son conscientes de sí mismas y capaces de desgranarse, de darse a conocer ante un público.

Unos más capaces que otros, por supuesto.

Somos narradores, sí… Pero también somos las historias que llevamos a cuestas.

Historias que creamos cada día, caracterizadas por lo que sea que queremos destacar. Generalmente por los altibajos. Y al compartirlas con el mundo, y al revivirlas nosotros mismos, estamos dándole forma a nuestro presente.

¿Qué me dirías si te confesara que podemos crear nuestras historias de manera que nos ayuden a vivir con mayor sentido y propósito? Sigue leyendo

Como quieras, mientras no me jodas

Andaba yo de pesquisa nocturna en Facebook como excusa para coger sueño y hacerle sangre al colchón, cuando ví algo que me encendió la sangre.

Para que veas, no era una cosa tan rara. Era una muchacha diciendo, tan alegre y vivaracha ella, que quiere estar soltera pero conmigo.

Y no me lo decía a mí explícitamente, que ya habría sido motivo sobrado para mi descontento y mordaz reacción; sino que era un texto –de esos cuquis de miles de likes y shares, ¡oigh!– en el que básicamente se te anima a que vayas a tu puta bola, claro, pero oxe, que de vez en cuando eches cuenta de alguien que, a su vez, de vez en cuando te querrá echar cuenta a ti. Porque se conoce que le agobia menos y que es más moderno, eso. Sigue leyendo

Lo que sabe mi Espíritu Amante

No sé mucho sobre mujeres… Quizás lo justo para dejarme aleccionar por cada una que entra en mi vida. Tal vez lo necesario para que haya resonancia. Y puede que un poco más, bastante para lograr que sean mis cómplices en una travesura compartida.

Casi todo lo que sé versa sobre mí mismo, y me permite sentirme cómodo y confiado en su presencia. Capaz de afirmar cuando quiero que nuestra conexión prospere, aunque a veces por esa misma acción lo dificulte. Consciente de mis emociones y de su profundidad, de lo poderoso que puede ser unirme a un caudal ajeno y dejarme guiar o ser yo quien ponga la dirección.

Y sobre todo… Como un niño. Entregado y genuino. Más presto a comprender y abrazar que a crear brecha. Sigue leyendo