Secretos (que no lo son tanto) para fluir en tu vida

Die Zehn

Die Zehn (Photo credit: gringer)

Una gran porción de las personas que buscan una situación de vida más enriquecedora, más feliz o más adecuada a su forma de ser; acuden a los reclamos de aquello que dice ser un secreto bien guardado consistente en una técnica o sistema de acciones que se vende y proclama infalible.

La mayor parte de las personas que hacen esto, han tenido en su fuero interno las soluciones que necesitan para su situación personal, dictadas por su sentido común; si bien han preferido relegarlas en favor de hacer caso a las campanitas que suenan desde otro sitio.

Si hay algo que aprendí bien temprano cuando me aproximé al tema del desarrollo personal es que no se puede pretender llamarlo personal si vas a dejar de hacer caso de tus percepciones, de tus instintos, de tus deseos reales, y de tu sentido común… Para pasar a asumir una serie de creencias y actitudes que van a conseguir que estés realmente jodido, si ya creías estar mal. Sigue leyendo

Alquimia Interna: Relajación

Alcanzar un estado de relajación hoy día resulta tan beneficioso e importante que algunos profesores de Educación Física lo incluyen en los programas de los institutos. De los cientos de modos y medios para relajarse, se suele llevar a cabo una criba por sencillez y efectividad. Las opciones usuales (de hecho, las que yo ví en clase) son estas:

  • Entrenamiento autógeno.
  • Relajación muscular progresiva de Jacobson.
  • Tai-chi.
  • Yoga.

La relajación, pues, como vemos es un estado psicofisiológico. Una técnica de relajación es toda aquella búsqueda voluntaria de un estado físico y mental de bienestar. Algunas de estas técnicas implican movimiento, y otras implican quietud.

Teniendo en cuenta lo anterior, vamos a repasar por un momento el último aspecto general. La práctica diaria de la relajación nos aporta múltiples beneficios:

  • Aumento del nivel de conciencia
  • Mayor nivel de reposo. Descanso más profundo.
  • Más salud.
  • Más resistencia frente a las enfermedades.
  • Equilibrio en la tensión arterial.
  • Mejor oxigenación.
  • Aumento del nivel de energía, vitalidad.
  • Superior nivel de recuperación tras los esfuerzos.
  • Predominio de los pensamientos positivos.
  • Resistencia frente a hábitos erróneos: fumar, alcohol, comidas excesivas, etc.
  • Disminución del estrés y mejora del descanso.
  • Mayor capacidad de aprendizaje.
  • Mejora de la capacidad de recordar datos.

La práctica de estas técnicas y medios de relajación es sencilla y en muchos casos no requiere de adornos, florituras, o de preparar un ambiente propicio (todo esto es una cuestión de preferencias personales). Sobre la ambientación hemos hablado en otro lado.

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Camaleones Sociales (esos que adoro)

Tiempo hace que, leyendo ese ya famoso (entre ciertos públicos) libro de Daniel Goleman titulado Inteligencia Emocional ; me dieron en los morros con un término que hacía tiempo que llevaba necesitando: camaleones sociales.

Sería muy extenso explicar lo comentado en el texto (y por ello os dejo al final un enlace que lleva a lo que se dice en el libro), pero a grandes rasgos podría decir por qué llevaba tanto tiempo buscando un término que expresase algo que estaba en mi cabeza.

El camaleón es un animal que se caracteriza principalmente por su capacidad de mimetizarse con el entorno para así defenderse de posibles depredadores; y a su vez para poder comunicarse entre ellos, representando con su coloración el estado en que se encuentran frente a una posible lucha.

Sobre todo esta última característica es la que haría alusión a lo que aquí tratamos. Goleman viene a decir algo así como que este tipo de personas son perfectamente capaces de adaptar su comportamiento al grupo en el que quieren integrarse… O lo que es lo mismo, disfrazarse de lo que piensan que agradará al citado grupo.

A priori, esto supone una habilidad realmente positiva y útil, pero como todo, tiene contraindicaciones, y éstas vienen a ser ni más ni menos que…

La renuncia -total o parcial- al propio “yo”.

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Libérate y déjate fluir

Si cogiera cualquier párrafo al azar de la mitad de los contertulios de un cierto sitio donde participo últimamente, seguramente me encontraría con un texto que desprende casi a bofetones la idea de “tengo que hacer”, “tengo que decir”, “tengo que ser”…

En resumidas cuentas, esa idea tan agotadora y vana del tener el control de las cosas.

Por nuestra naturaleza, por la naturaleza de nuestra comprensión misma, en muchas personas existe esa necesidad de sentir que tienen el control. ¿Cuántos de nosotros hemos oído ese mítico “yo controlo”, para bastantes cosas?

Por ejemplo, para cuando pides un favor sobre un tema que no manejas. Para cuando aconsejas a alguien no cometer excesos. E inclusive, para cuando expones a alguien a una situación social dada. Todos esos “yo controlo” tienen una orientación distinta en un sentido estricto, pero comparten la misma esencia: el sujeto afirma “dominar”.

Y es cuando una persona trata de dominar que empiezan las confrontaciones. Confrontaciones contra quien tiene más dominancia, confrontaciones contra quien no admite la dominancia, y todavía peor… Confrontaciones contra uno mismo.

Tal vez algunos lectores recuerden cuando expuse que la mayor parte de la gente “lucha” contra el miedo y trata de “dominarlo”, en vez de comprenderlo y sencillamente bailar con ello, dejarse fluir con la situación, aprender del mensaje que transmite.

Ahora bien… ¿Quién dijo que eso no era aplicable para nuestras emociones?

Por así decirlo, todo el mundo quiere estar en perfecto “autodominio”. Todos quieren neutralizar sus impulsos en todo momento y circunstancia. Se nos educa para reprimirnos en ese sentido. Porque se supone que ese es el modelo de una persona que puede encajar en la sociedad. Alguien que evita los excesos, es moderado y displicente.

Y si probaras a comprender tus emociones en vez de ponerlas en un dique… ¿Qué crees que pasaría? ¿Piensas que no te reventarían en la cara? ¿O que si lo harían? ¿Te beneficiaría más hacer por comprenderte y expresarte de una manera adecuada sea cual sea tu estado emocional que el hecho de negar tu realidad emocional constantemente?

Pregúntate y responde… Si quieres, después me cuentas.

Abrazos,

Kheldar

Hablar de sexo con las mujeres, ¿misión imposible?

Déjame contarte una historia personal, en vez de una conclusión, por esta vez. Hace unos días, volví a hablar con una de las chicas más caóticas que he conocido nunca. Y a raíz de opinar junto a ella sobre el artículo “Ya tengo una cita, ahora qué coño hago (2)”, la cuestión acabó derivando en eso: ¿se puede hablar de sexo con ellas?

Seguro que me has respondido con un efusivo NO, fruto de experiencias pasadas donde el hacerlo te ha costado un rechazo. Es posible que hayas seguido ciertos consejos donde se te dice que hacer eso son demostraciones de valor y preselección.

Ahora es cuando yo te digo que se puede, y te dejo a cuadros.

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