Reflexiones en Abierto – ¿Por qué salvarías o condenarías la vida de pareja?

Si me llevas leyendo el tiempo suficiente, sabrás que soy el tipo de persona que se hace preguntas de todos los calibres. Una serie de preguntas bien sembradas fue lo que le dio vida a este espacio, de hecho.

Todo comenzó compartiendo mis propias ideas acerca de temas en común con un público dado, al cual me gané por ser brutalmente honesto y no aceptar mareos.

Pasado un tiempo, añadí otros temas que captaron mi atención, y una nueva intención. Sin cambiar la dinámica de compartir lo que pienso, quería remover vuestros culos en cualquiera que sea el asiento que uséis. Agitar vuestras conciencias, generaros un interés por hacer las cosas mejor y que salga algo bueno de todo ello.

En resumen: amplificar vuestra curiosidad natural.

Me gusta contagiar esa actitud a los demás, y cuando estoy conversando, a menudo aprovecho para soltar un par de esas curiosidades y crear debates molones.

Me gusta tratar de llegar a una comprensión global que me permita ampliar mi perspectiva y apreciar las de otros a la vez, aunque sea complicado de cojones.

Y por eso… Hace unos días lancé una pregunta bastante potente: por qué salvarías o condenarías la vida de pareja. Para mi sorpresa, bastante gente quiso mojarse. Sigue leyendo

Vivir en pareja sin pajas mentales

Aunque dije que me guardaría lo de “sin pajas mentales” para mis cursos y talleres, no pude resistirme a usarlo para el título de este texto.

Si cuaja lo bastante bien, quizás me proponga convertirlo en un evento recurrente. Me gusta mucho ese formato porque cada grupo que viene lo hace distinto, aunque el tema central sea el mismo.

He estado preguntando un poquito por aquí y por allá cuáles son los problemas que más nos vienen a la mente sobre eso de vivir en pareja, y te sorprenderían las respuestas más comunes:

  • Estilos de vida diferentes.
  • Carreras o decisiones laborales diferentes.
  • Intereses personales diferentes.
  • Decisiones vitales diferentes.
  • En general, casi cualquier aspecto al que puedas ponerle el adjetivo “diferentes” detrás… Porque algunos buscamos activamente la diferencia para crecer. 😉

¿Se nota un patrón ahí?

Por supuesto: lo que más nos cuesta es fluir con las diferencias y aprovecharlas para crecer.

Es posible que se deba a que nos hemos educado y nos hemos desarrollado buscando lo semejante en mucho mayor grado que lo diferente, y solemos esconder las diferencias por encajar.

En consecuencia, nos resulta más fácil conectar a través de los parecidos que tratar de humanizar lo demás y darle un sitio en nuestra realidad.

Y me atrevo a ir un poco más lejos con la premisa que propongo en este texto: si nos cuesta, es porque no sabemos gestionar el egoísmo de manera positiva. Como expondré a continuación, hay una cantidad necesaria e irrenunciable que, lejos de separarnos, nos permite crecer mientras nos mantiene cerca de los demás.

Hablaremos un poco sobre estos asuntos, las consecuencias que pueden tener, y por qué son precisamente el objeto de toda investigación de algunos especialistas. Hacia el final, daré los consejos que me han salvado de perder la cordura y otras cosas en medio de una relación.

¡Al turrón, que se acaba!

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Por qué un hombre libre es la cosa más terrorífica para una mujer

Un hombre libre es una de las cosas más aterradoras para una mujer.

Porque, una vez que el hombre se libera…

No puede ser adiestrado.
No puede ser moldeado.
No puede ser controlado.

No puede ser manipulado para ser quien queramos que sea.

Te quejas de que tu hombre no es lo bastante fuerte. De que no te folla lo bastante duro, lo bastante bien o con la frecuencia adecuada. De que no es lo bastante intenso, apasionado, excitante o masculino.

Dices que quieres un Rey, que sea estable y maduro.

Pero lo que no estás entendiendo es, que la cosa exacta que haría de este hombre todo eso y mucho más…

Es precisamente la misma que, cuando se manifiesta en serio, amenaza con destruir por completo cada una de tus fantasías Disney, así como los condicionantes religiosos y sociales que las mantienen vivas.

Y esa mierda es terrorífica. Sigue leyendo

Como quieras, mientras no me jodas

Andaba yo de pesquisa nocturna en Facebook como excusa para coger sueño y hacerle sangre al colchón, cuando ví algo que me encendió la sangre.

Para que veas, no era una cosa tan rara. Era una muchacha diciendo, tan alegre y vivaracha ella, que quiere estar soltera pero conmigo.

Y no me lo decía a mí explícitamente, que ya habría sido motivo sobrado para mi descontento y mordaz reacción; sino que era un texto –de esos cuquis de miles de likes y shares, ¡oigh!– en el que básicamente se te anima a que vayas a tu puta bola, claro, pero oxe, que de vez en cuando eches cuenta de alguien que, a su vez, de vez en cuando te querrá echar cuenta a ti. Porque se conoce que le agobia menos y que es más moderno, eso. Sigue leyendo

Lo que sabe mi Espíritu Amante

No sé mucho sobre mujeres… Quizás lo justo para dejarme aleccionar por cada una que entra en mi vida. Tal vez lo necesario para que haya resonancia. Y puede que un poco más, bastante para lograr que sean mis cómplices en una travesura compartida.

Casi todo lo que sé versa sobre mí mismo, y me permite sentirme cómodo y confiado en su presencia. Capaz de afirmar cuando quiero que nuestra conexión prospere, aunque a veces por esa misma acción lo dificulte. Consciente de mis emociones y de su profundidad, de lo poderoso que puede ser unirme a un caudal ajeno y dejarme guiar o ser yo quien ponga la dirección.

Y sobre todo… Como un niño. Entregado y genuino. Más presto a comprender y abrazar que a crear brecha. Sigue leyendo