Por qué un hombre libre es la cosa más terrorífica para una mujer

Un hombre libre es una de las cosas más aterradoras para una mujer.

Porque, una vez que el hombre se libera…

No puede ser adiestrado.
No puede ser moldeado.
No puede ser controlado.

No puede ser manipulado para ser quien queramos que sea.

Te quejas de que tu hombre no es lo bastante fuerte. De que no te folla lo bastante duro, lo bastante bien o con la frecuencia adecuada. De que no es lo bastante intenso, apasionado, excitante o masculino.

Dices que quieres un Rey, que sea estable y maduro.

Pero lo que no estás entendiendo es, que la cosa exacta que haría de este hombre todo eso y mucho más…

Es precisamente la misma que, cuando se manifiesta en serio, amenaza con destruir por completo cada una de tus fantasías Disney, así como los condicionantes religiosos y sociales que las mantienen vivas.

Y esa mierda es terrorífica. Sigue leyendo

Las 6 cosas que desea un hombre consciente de la mujer

Estos días escucho a las mujeres decir que quieren un hombre evolucionado y consciente. He decidido que eso, a grandes rasgos, significa que quieren estar con un hombre que pueda ver su humanidad por completo, los profundos regalos que ofrecen como mujer femenina y ser humano, antes que centrarse en su culo. También debe haber abrazado su propia dosis interior de feminidad, para poder acoger verdaderamente a las mujeres femeninas de su medio. Seguramente haya más que decir al respecto, pero no quiero exagerar este punto. No diré, de todas formas, que yo sea un hombre evolucionado, ya que me podría perjudicar si lo hago. Todavía como hamburguesas con queso, así que…

Sin embargo, una mujer madura y brillante a la que considero evolucionada, me preguntó recientemente lo que un hombre evolucionado quiere de una mujer. Así que, con su pregunta como única credencial, allá vamos:

(Nota rápida del autor original: esto puede tocar puntos sensibles debido a los siglos de opresión masculina sin equilibrio; te invito a ver más allá y encarar las nuevas posibilidades en que las energías masculina y femenina pueden conformar auténtica sabiduría) Sigue leyendo

El Séxodo, Parte 2: Histerias feministas deshonestas dejan en crisis la sexualidad masculina

La disfunción sexual no es exclusiva del S.XXI, ni tampoco del Oeste. Los “herbívoros” de Japón—hombres que evitan el sexo y prefieren ahorrar dinero y dar largos paseos para montar en motocicletas y flirtear con mujeres—han sido bien documentados y son reconocidos por los científicos sociales como el mejor ejemplo de la sexualidad masculina recluyéndose en sí misma.

Pero a pesar de que el séxodo, un nuevo retiro en soledad protagonizado por hombres del oeste, tiene unos matices distintos y una etiología dramáticamente diferente a la de otras crisis sociales observadas con anterioridad, muchas características son idénticas. Y lo que es problemático en el hecho de que los hombres tiren la toalla tanto en el este como en el oeste es la rapidez con la que el malestar se propaga en generaciones enteras, alimentado no sólo por la insatisfacción sexual, sino también por las presiones económicas y educacionales que sienten tantos chicos jóvenes.

Lee aquí ‘La Identidad Perdida del Hombre’.

Tal vez no deberíamos asombrarnos. No es un misterio que en el caótico mundo moderno, los hombres deberían encontrar medidas extremas que les ayuden a relacionarse con el sexo opuesto y obtener lo que quieren del mismo. Eso explica probablemente la fama de Julien Blanc, quien afirma que sus seminarios pueden cambiar la forma en la que las mujeres responden ante uno. Blanc está en el límite de un movimiento grupal conocido como “artistas del ligue” (original: “pick-up artists” o PUAs).

Pero otras voces dentro de los movimientos PUA o “de pastilla roja”, incluyendo a Daryush Valizadeh, que usa el seudónimo Roosh V, afirman que hay razones estructurales por las que la sociedad evoluciona alejándose de la satisfacción inter-género. Parte del problema son las expectativas femeninas irreales, según Valizadeh. “Acostarse con mujeres atractivas se ha hecho extremadamente difícil para hombres normales. Las mujeres de hoy, normales o incluso por debajo de la calidad normal de una persona, desean hombres de élite con aspecto por encima de la media, músculos, inteligencia y confianza.”

“Si una chica normal se lo curra suficiente, podrá pasar una noche con un ‘tío bueno’ de vez en cuando porque se da la casualidad de que le pilla caliente y quiere sexo fácil. Entonces la chica piensa que puede, de hecho, conseguir que ese hombre se comprometa con ella en el largo plazo; por lo cual niega a los hombres corrientes toda oportunidad, reservándose para el tipo de semental con el que tuvo un encuentro en el pasado.”

Valizadeh tiene también ideas controvertidas sobre el estado de la población femenina, de hecho. Dice: “Es dañino también que el atractivo de la mujer se reduzca tan rápido, principalmente a causa de la epidemia de obesidad. No importa lo que digan los miembros del movimiento de “aceptación de la gordura”: los hombres tienen una necesidad innata de mujeres sanas. Lo que ocurre es que las pocas mujeres atractivas que quedan obtienen cantidades ingentes de atención.”

De acuerdo con Valizadeh, el mercado sexual actual representa una distribución de Pareto en la que “el 20% de los hombres top tienen acceso al 80% de las mejores mujeres”, lo que provoca el efecto de que las mujeres esperen al hombre perfecto, un hombre que por supuesto nunca llega.

Valizadeh coincide con el autor sobre masculinidad Jack Donovan en que los hombres han sido afeminados por una cultura que rechaza y ridiculiza las características y los hábitos de los hombres. “Que tengas suerte intentando nombrar un hombre que sirva de modelo de conducta para otros hombres hoy en día y que de verdad les ayude a ser hombres,” remarca. Estos pensamientos tienen su eco en blogs ocasionalmente rudos pero cautivadores, tales como el extraordinariamente popular Chateau Heartiste.

También les apoya el estado actual de la guerra entre los sexos, la cual tiene una constitución bizarra. Una de las facetas más remarcables en las escaramuzas de mayor calado con feministas es cuan pocos hombres heterosexuales corrientes están involucrados. En la controversia con los videojuegos del GamerGate, la oposición a los “guerreros de justicia social” y sus intentos de censura en Twitter vino de hombres gay adultos en la vida pública y geeks, gamers e inconformistas; en el caso de Matt Taylor, fueron geeks y otras mujeres.

Los hombres jóvenes hetero simplemente pasan del asunto. No les interesa mojarse. Algunas mujeres, también, horrorizadas por lo que el feminismo de tercera ola lesbianizado dice hacer en su nombre, pasan de implicarse en la disputa. El absurdo resultado es que geeks, maricas y bolleras están dominando la discusión sobre cómo deberían interactuar hombres y mujeres. Jack Donovan, por ejemplo, es gay, como también lo es vuestro corresponsal. Es como si los gays fuesen los únicos hombres que quedan para defender el sitio de la masculinidad.

Los hombres quieren relaciones normales que incluyan sexo, dice Valizadeh. Algunos de ellos leerán libros o iran a seminarios de gente como Roosh V si no lo consiguen, o si necesitan salir del rol de “caballero de brillante armadura” que les instilan mediante una cultura dominada por las mujeres. (A los hombres se nos enseña que ser un buen chico te lleva a tener sexo. No lo hace.)

Lo que le parece raro a muchas mujeres es cómo de racional y sistemática es esta decisión de los hombres. Muchos se limitan a literalmente analizar costes y beneficios y deciden que las mujeres no valen tanta molestia. Son ellas las que salen perdiendo en este escenario: los hombres no necesitan la intimidad emocional sostenida que viene con una relación sexual gratificante y pueden limitarse a prácticas masturbatorias, acudir a la prostitución o a los ligues de una noche con mayor facilidad.

Pero esto es exactamente lo que es, desde el punto de vista de los hombres: una retirada táctica de la educación, el trabajo y el matrimonio por parte de hombres que se han hartado, como advertía un libro excepcional escrito por la Dra. Helen Smith llamado Men on Strike en Julio del año pasado. (El consenso en este asunto crece con rapidez.)

Los hombres, guiados (como algunos prefieren decir) por los hechos y no por las emociones, pueden ver que la sociedad no es justa con ellos y es más peligrosa para ellos. Señalan al hecho de que son más susceptibles de ser víctimas de asesinato y más propensos a cometer suicidio. Las mujeres no escogen servir en las Fuerzas Armadas y experimentan menor número de muertes y lesiones en el ámbito laboral, generalmente.

Las mujeres conllevan menores sentencias de custodia por los mismos crímenes. Tienen más becas disponibles para ellas en la universidad. Reciben mejor y más económico tratamiento médico, y pueden escoger opciones más favorables en seguros disponibles sólo para mujeres. En lo que se refiere a los niños, se les supone que son el cuidador primario (en castellano: que los cuidan mejor) y se les da trato preferencial en las cortes. Tienen más y mejores opciones contraceptivas.

Las mujeres tienen menor tendencia a perder su casa, su empleo o a abusar de las drogas en comparación a los hombres. Tienen menor tendencia a la depresión o a sufrir enfermedades mentales. Hay menos presión hacia ellas para que alcancen el éxito financiero. Hay menos probabilidades de que vivan en la pobreza. Se les da prioridad en los servicios de emergencia y asistencia médica.

Algunos llamarían a estas tendencias estadísticas “privilegio femenino.” Aún así en todas partes y en todo momento, según los defensores de los derechos de los hombres, las “experiencias vividas” y la percibida opresión de las mujeres se lleva el 100% de la atención mediática; en contra de la realidad de que las mujeres no sólo han alcanzado la paridad con los hombres, sino que los han sobrepasado en casi cualquier aspecto concebible. Las desigualdades que quedan son el resultado de las elecciones de las mujeres, dicen académicas feministas respetables como Christina Hoff Sommers, no prejuicios estructurales.

Y a pesar de ello, los hombres son constantemente azotados con conceptos inventados como “cultura de la violación” y “privilegio patriarcal”. La extraña pero inevitable conclusión de todo esto es que las mujeres están instigando su propia desdicha haciendo que los hombres las consideren meros objetos sexuales y nada más, porque la idea de involucrarse en una relación con una mujer es horripilante, o demasiado agotadora para tenerla en cuenta. Y el séxodo afectará a las mujeres de forma desproporcionadamente dura porque las investigaciones muestran que cuando las mujeres “se portan como hombres” al tener montones de encuentros sexuales casuales, se vuelven infelices, y más propensas a sufrir depresión y arruinar sus posibilidades de asegurar una relación significativa a largo plazo.

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Los videojuegos y el sexo casual no son el único refugio al que se retiran los hombres jóvenes. También se están involucrando en fetiches que para la generación de sus abuelos parecerían campos de internamiento, y que los separan todavía más del anteriormente sexo débil. Considerad, por ejemplo, el auge de la cultura furry y el fetichismo del sexo con animales antropomórficos, cuyo crecimiento explosivo se debe principalmente a internet.

El periódico estudiantil The Tab de Jack Rivlin, que mencionamos en la primera parte, ha observado la expansión de esta tendencia en los campus británicos. (Ya está muy extendida en los Estados Unidos.) Otros comportamientos sexuales alternativos, incluyendo la homosexualidad y el transgénero, son más prevalentes en los campus ahora, también.

“Es eminentemente plausible que haya un mayor número de personas que se identifiquen como homosexuales, bisexuales o de otras sexualidades, y estén contentas de ser reconocidas como tal en estos días,” afirma Tim Squirrell, presidente de Cambridge Union, de quien ya oímos en la parte 1, hablando sobre los estudiantes que pasan por su Unión. “Creo que nos estamos volviendo más abiertos y tolerantes con la gente que vive estilos de vida diferentes y tiene identidades distintas.”

La emancipación gay, por cierto, puede que no fuera una cosa uniformemente buena para las mujeres. Dependiendo de a quiénes creas—y harías bien en no tomar demasiado en serio las proclamas de los grupos defensores gays o de las revistas gays, por razones obvias—entre el 1% y el 10% de la población de hombres adultos son gays. (Probablemente la cifra sea más cercana al 1%.)

Hace apenas unas décadas, muchos de esos hombres—a riesgo de estereotipar, los más sensibles, artísticos, atractivos y mejor situados económicamente; o lo que es lo mismo, material para maridos perfectos—se habrían casado, tenido unos cuantos hijos y llevado una doble vida para seguir sus ocultos deseos. No habrían molestado a sus mujeres con el sexo, y hubieran sido padres geniales.

Pero ahora se están estableciendo con hombres, en muchos casos no tienen hijos siquiera. En otras palabras, un buen pedazo de los hombres más deseables—hombres que sin duda hubieran satisfecho las exhortaciones feministas—están ahora fuera del mercado, dejando incluso menos hombres a escoger en la reserva para las citas.

(Como nota al margen, aquí tienes un argumento que no leerás en ningún otro sitio: los hombres gays puntúan significativamente más alto, en promedio, en las pruebas de CI, y sabemos que el CI está cuanto menos parcialmente determinado por los genes. Los gays no se reproducen tanto ahora ya que no tienen que fingir una relación heterosexual. De hecho, las encuestas señalan que apenas se reproducen en absoluto.

¿Sería demasiada estrechez de miras preguntar si la recién adquirida tolerancia por los homosexuales ha hecho la sociedad… bueno, un poco más estúpida? Claro, suena un tanto disparatado. Pero aunque no hay duda de que liberar a los gays de la vergüenza y de llevar dobles vidas ha sido un imperativo moral, dictado por la compasión, ningún cambio social rápido sucede sin sacrificios.)

Todo esto va antes de discutir siquiera el rápido aumento del sexo sadomasoquista entre los jóvenes y la “nueva frontera de los derechos civiles” del transgénero,  un desorden psiquiátrico actualmente en proceso de ser etiquetado por las políticas de izquierda como un estilo de vida sexual alternativo.

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La respuesta a la primera parte de esta serie fue colosal. Hasta la fecha, en la versión original, más de 300.000 lectores la han compartido en Facebook. Más de 16.500 lectores dejaron comentarios. Cerca de 500 hombres me han escrito en privado para expresar su gratitud y su apoyo, de todos los continentes y de todas las edades. Los hombres jóvenes fueron especialmente conmovedores al respecto. (Predeciblemente, cientos de feministas rabiosas en Twitter lo catalogaron de “lloriqueo prepotente de los inmaduros muchachitos blancos,” probando así la premisa de esta historia para mí.) Aquí comparto las citas más representativas de mis conversaciones, reproducidas con permiso.

Mark, 24: “Todos los que conozco se sienten igual. Tu artículo nos habla de tú a tú. No somos perdedores y raritos, somos simplemente chicos normales que estamos o bien asustados de ser acusados de cosas terribles por arpías o simplemente nos la pela todo ya. No puedo creer que esté diciendo esto, pero no quiero tener nada que ver con las complicaciones de las mujeres nunca más.”

Mickey: “Le digo que no a todo, incluso aunque soy completamente heterosexual y me gustaría la intimidad de una relación basada en el respeto mutuo. Bueno, pensaba que me gustaría, pero ha pasado tanto tiempo y el estándar de conducta para las mujeres sigue tan bajo, igual que mi tolerancia por las gilipolleces en las citas, que ya ni siquiera parece un deseo realista.”

Francis, 28: “Soy un atleta. Mis padres tienen montones de dinero. Me sobran los amigos y tengo una gran vida social. Ya no quedo con mujeres. Ocasionalmente tengo rollos de una noche, pero lleno mi tiempo principalmente con otras cosas. Me acusaron de abusar de una mujer en la universidad y desde entonces he pensado… “pasando”. Hago deporte en vez de ir con mujeres.”

Tilo, 20: “No lo tengo del todo claro pero tu artículo me recuerda a mí y a un montón de mis amigos. Hago cosas furry por internet en secreto. Me horroriza la idea de que mis padres se enteren, pero es todo lo que me sirve. Las mujeres son una pesadilla. Tengo un hermano de diez años que siente lo mismo. Nos hemos rendido.”

Hector, 26: “Me aferré por un tiempo a esa creencia social pensando que la necesidad de una relación seria llega con la edad, pero nunca ocurrió y poco a poco fui dejándolo estar. Hoy, unas horas antes de leer tu artículo, estaba almorzando con mi madre y ella no dejaba de hablar de novias y de lo necesario que era para mí casarme, mientras que yo pensaba ‘¿por qué voy a amargarme la vida con esa mierda?’, y no fue hasta que leí tu artículo unas cuantas horas después, que me vino a la cabeza. No creo que mi generación sea la única afectada por esto.”

Podemos estar bastante seguros de que el séxodo no es un fenómeno aislado y extraño de internet, como se ha caracterizado a veces al grupo “Men Going Their Own Way” (Hombres a su aire, en traducción libre). Una combinación de desastrosa ingeniería social, privilegios especiales para las mujeres, la mofa indiscriminada hacia los hombres blancos en respecto a su sexo y color de piel, y el abandono educacional y económico de los chicos ha creado ya una, si no dos, generaciones perdidas.

Los hombres crearon la mayoría de lo que es bueno en el mundo. Los excesos de la masculinidad son también, dejemoslo claro, los culpables de gran parte de lo que es malo. Pero si tratamos de evitar caer en declive, la mediocridad y un mundo en el que los hombres son discriminados activamente; debemos detener el deterioro de las actitudes sociales hacia ellos antes de que se den tantas víctimas que toda esperanza de reconciliación entre los sexos se pierda. Si eso ocurre, serán las mujeres las que sufrirán.

Algunos nombres han sido cambiados.

 


Notas de la traducción:

El artículo original ha sido publicado en BreitBart.com bajo la autoría de Milo Yiannopoulos, columnista y Editor Asociado de BreitBart London. Es uno de los más conocidos comentaristas en materia de tecnología y medios de comunicación. Escribe una columna semanal para el Business Insider tocando los temas de tecnología, medios y política. Sus textos han aparecido en el Telegraph, Wall Street Journal, Times, WIRED, The Observer, The Spectator y muchos otros sitios. Aparece regularmente en televisión y en radio hablando sobre sociedad, política, medios y tecnología.

En 2011 fundó el tabloide digital The Kernel, que habla de cultura pop y de internet, y lo vendió a Daily Dot Media en enero de 2014. Es un conferenciante regular en el circuito tecnológico y ha sido dos veces nombrado como una de las 100 personas más influyentes en la economía digital británica por WIRED.

Milo ha sido llamado “el pitbull de los medios tecnológicos” en un perfil del Observer, “el Ciudadano Kane de los medios digitales” en la revista Forbes y “un capullo cínico e ignorante” por Stephen Fry.

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La traducción es de autoría propia, y he intentado respetar en lo posible la estructura y gramática general del texto. Se han adaptado algunos signos de puntuación y expresiones, para facilitar la lectura y la comprensión de las ideas. De cualquier forma, es posible que algunos párrafos no queden lo bastante claros. Si detectas alguno durante tu lectura, por favor, informa de ello y lo corregiré a la mayor brevedad posible.

Las ideas vertidas a lo largo de este texto no necesariamente coinciden con las mías propias. Sin embargo, las comparto porque estoy de acuerdo en cuanto a la situación que presentan. Es mi deseo particular por continuar con la Conversación que hemos iniciado en meses anteriores al respecto de este tema lo que me anima a traducir y presentar este texto en mi blog. También es culpa de mi deseo de cerrar brechas y dejar de señalar culpables o chivos expiatorios; de ahí este disclaimer parcial.

Hoy sí voy a hacer un par de declaraciones:

  • La subcultura e intento de movimiento contracultural conocido como Pick-Up Community o Comunidad de Seducción (para otros, como yo mismo, industria del ligue) es un abundante saco de mierda lleno de personas rabiosas y de manipuladores deseosos de afinar su capacidad de aprovecharse de los demás, especialmente de mujeres. Aunque también hay personas buenas dentro, pero suelen estar menos en primera fila. Por alguna cuestión que no alcanzo a comprender, son los que hacen el capullo activamente los que más llaman la atención. Los que pedimos esfuerzo, dedicación, disciplina, honestidad, vulnerabilidad, conexión y auténtica comunicación (y no ofrecemos métodos milagrosos e infalibles) estamos menos presentes.
  • Algunas de las figuras negativas, como el aquí citado Julien Blanc, son psicópatas de calibre, sociópatas o tienen y promueven rasgos de personalidad límite, demuestran misoginia y varios trastornos psicológicos. No defiendo en lo absoluto lo que hacen estas personas, pero sí lo que hacen otras que no van por los mismos derroteros (como Zan Perrion, Johnny Soporno y Steve Mayeda, que son los ejemplos más claros a mi disposición). En palabras de Zan, estos “artistas del ligue” son, de cara a las mujeres, como los perros que corren detrás de los coches: por mucho que las persigan y aunque llegasen a alcanzarlas, no sabrían qué hacer con ellas.
  • Aunque algunos puedan llamar a esto ataque gratuito y competencia desleal, no se trata ni más ni menos que de la cruda realidad. Una persona que anima a destruir el autoconcepto de otra para tratar de meterse a la fuerza en su vida, que recomienda usar violencia física y psicológica para satisfacer los propios deseos y demandas, que monta seminarios en torno a la idea del acoso sistemático y selectivo por método de detectar el perfil vulnerable a dichas pesquisas e iniciar un acoso y derribo… No merece comer en la misma mesa que las personas de bien.
  • Sin embargo, por las chorradas llamativas que hacen (que en la mayoría de los casos son montajes de vídeos muy bien preparados con actrices contratadas, cosa perfectamente demostrable), personas como Julien, que ha protagonizado un escándalo por imponer su intención sexual a mujeres a base de estrangularlas en público y de arrastrar la cabeza de ellas hacia su entrepierna; pueden llegar a embolsarse ganancias millonarias. De hecho, en el caso de Julien así ha sido. En España, no hace mucho estaba el escándalo de los cursos de machismo a 300 euros, protagonizado por el señor con el seudónimo de Álvaro Reyes… También tristemente conocido por difundir con sus publicaciones tendencias agresivas, violentas, denigrantes y misóginas.

Y esto es todo por mi parte, por el momento.

Si deseas ofrecer tu opinión de manera constructiva y responsable, estaremos encantados de leerte.

Si has comentado en la primera parte y deseas participar de nuevo en la conversación, gracias por tu fidelidad.

El Séxodo, Parte 1: Hombres pasando de las Mujeres y abandonando la Sociedad

Lee aquí la Parte 2 del Séxodo.Lee aquí ‘La Identidad Perdida del Hombre’.

“Mi generación de chicos está jodida,” dice Rupert, un joven alemán entusiasta de los videojuegos que conocí hace unos meses. “El matrimonio está muerto. Divorciarse significa que estás jodido de por vida. Las mujeres han pasado de la monogamia, lo que las hace menos interesantes a nuestros ojos para cualquier relación seria o para formar una familia. Y esto es lo que hay. Incluso si nos arriesgamos, lo más probable es que los niños no sean nuestros. En Francia, incluso tenemos que pagar por los niños que las esposas tienen a través de relaciones adúlteras. 

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“En la escuela, los chicos son puteados casi constantemente. Las escuelas están montadas para mujeres. En los Estados Unidos, fuerzan a los chicos a tomar Ritalin como si fueran Lacasitos, para que se callen. Y mientras que se favorece que las chicas cumplan sus cuotas, los chicos bajan a un distante segundo plano.”

“Nadie en mi generación cree que vaya a conseguir una jubilación cuantiosa. Tenemos un tercio o un cuarto de la riqueza que tenían las generaciones previas, y todo el mundo acude a la educación superior para mantener a raya el desempleo y la pobreza, porque no hay empleo.”

“Todo esto no sería tan malo si al menos pudiésemos mitigar el dolor con mujeres. Pero se nos trata como pedófilos y violadores en potencia solamente por mostrar interés. Mi generación son los bonitos,” suspira, refiriéndose a un experimento con ratones de 1960 que supuestamente predijo un futuro poco halagador para la raza humana.

Cuando la sobrepoblación se salió de control, los ratones hembra en el “universo ratón” experimental de John Calhoun dejaron de procrear, y los ratones macho abandonaron la compañía del resto por completo, comiendo, durmiendo, alimentándose y aseándose a sí mismos pero haciendo poco más que eso. Tenían un exterior resplandeciente, pero también vidas vacías.

“Los paralelismos son asombrosos,” dice Rupert.

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Nunca antes en la historia han estado las relaciones entre ambos sexos tan cargadas de ansiedad, animosidad e incomprensión. Para feministas radicales, que han sido la fuerza impulsora tras multiples cambios en la tectónica de la sociedad en décadas recientes, esto es una señal de éxito: quieren derribar las instituciones y estructuras de poder que sostienen la sociedad, sin importar los daños colaterales. La destrucción nihilista es parte de su hoja de ruta.

Pero, para el resto de nosotros, la visión de una sociedad en declive, y de hombres y mujeres corrientes siendo conducidos a una miseria dividida pero igual, gracias a un grupo altamente organizado de agitadores, es preocupante. Particularmente dado que, como un número cada vez mayor de observadores sociales están reseñando, una generación entera de jóvenes—en su mayoría hombres—están siendo abandonados en las ruinas de este proyecto de ingeniería social.

Comentaristas sociales, periodistas, académicos, científicos y hombres jóvenes en sí mismos han remarcado todos la pauta: entre hombres de entre 15 y 30 añso de edad, un número cada vez más creciente abandona la sociedad en conjunto, pierden la fe en las mujeres, el sexo y las relaciones; y se acogen a la pornografía, los fetiches sexuales, las adicciones químicas, los videojuegos y, en algunos casos, un crudo machismo; todo lo cual los aleja de un entorno social hostil y debilitador creado, según algunos, por el movimiento feminista moderno.

A duras penas se los puede culpar. Cruelmente ridiculizados como inmaduros y lloricas por objetar ante condiciones absurdamente injustas en la universidad, los bares, clubs y más allá de todo esto; los hombres están condenados igualmente tanto por acción como por omisión: se los ridiculiza como parásitos cuando evitan a mujeres agresivas y exigentes con expectativas irreales; o se los tacha de violadores y misóginos únicamente por expresar interés sexual.

Jack Rivlin es el editor jefe del start-up tabloide para estudiantes The Tab, un éxito desbocado cuyo titular actual reza: “Dejaremos de escribirlo cuando dejes de leerlo.” Como la mente tras cerca de 30 periódicos estudiantiles, Rivlin es tal vez la persona mejor situada en el país para observar esta tendencia en acción. Y él está de acuerdo en que la generación actual de hombres jóvenes tiene particulares dificultades para relacionarse con las mujeres.

“Los chicos adolescentes siempre han sido inútiles con las chicas, pero está claro que hay un miedo a que ahora no baste con ser bienintencionado, y al hecho de que puedes meterte en problemas solamente por ser torpe,” declara. “Por ejemplo, acercarse a besarla puede terminar contigo catalogado como un asqueroso, en vez de simplemente inepto.”

Las nuevas reglas que se espera que los hombres acaten nunca son claramente explicadas, dice Rivlin, lo que los deja despistados y neuróticos al respecto de interactuar con mujeres. “Podría sonar como algo positivo porque empuja a los hombres a emprender el poco romántico pero práctico enfoque de preguntar a las mujeres cómo comportarse, pero hace que muchos de ellos se limiten a abandonar el juego y entrar en el santuario de sus grupos de machos, donde ser rudo hacia las mujeres te brinda aprobación, y puedes prácticamente evitar por completo socializar de uno a uno con el sexo opuesto.”

“También hay un montón de tíos que ignoran a las mujeres y no saben cómo actuar. Eso por no decir que los chicos que nunca pasan tiempo a solas con chicas no son muy buenos en cuanto a relaciones.”

Rivlin ha observado una dependencia incrementada de sustancias, normalmente alcohol, que los chicos usan para calmar sus nervios. “He escuchado a muchos chicos de instituto presumir de que nunca han tenido sexo estando sobrios”, dice. “Es obvio que están asustados, lo que es natural, pero estarían menos asustados y serían menos disfuncionales si comprendiesen las reglas.

¿El resultado? “Un montón de hombres jóvenes buenos pero incómodos optan por no acercarse a mujeres porque no tienen la ocasión de equivocarse sin sufrir peor vergüenza que nunca.”

Más problemáticamente, este efecto es más agudo entre comunidades con menores niveles de riqueza y educación, donde el paquete de recursos de apoyo para hombres jóvenes es escaso. En mi alma mater, la Universidad de Cambridge, el fenómeno apenas se registra en el radar, de acuerdo con el presidente de la Union Society, Tim Squirrell.

“No creo haber notado un cambio recientemente,” afirma. “Este año se han introducido talleres obligatorios de consentimiento para los recién llegados, lo que creo que puede ser bueno, y está habiendo un gran esfuerzo por parte de Women’s Campaign en particular para tratar de combatir el machismo en el campus.

La atmósfera aquí es la misma que el año pasado: chicos raritos en su mayoría, que tienen miedo de acercarse a cualquiera en primer lugar, y por otro lado un porcentaje menor que tienen confianza suficiente para ponerse en marcha. Obviamente las mujeres también tienen su papel, y se acercan a los hombres en prácticamente la misma proporción que lo hacen en cualquier otro sitio. Ciertamente no han habido historias en The Tab [el periódico del campus] sobre una sequía sexual en el campus.”

“Creo que la gente está teniendo probablemente tanto sexo como de costumbre,” añade. En Cambridge, por supuesto, esto podría no significar mucho, y por una variedad de razones socioeconómicas y de clase las tribus en Oxford y Cambrigde están en cierta manera aisladas del efecto de desertismo masculino.

Pero incluso en una universidad tan prestigiosa, con una vasta prevalencia de población de las clases medias y altas; esas condescendientes clases obligatorias de “consentimiento” están siendo también implementadas. Squirrell, quien se afirma como un feminista con políticas de centro-izquierda, piensa que son buena idea. Pero académicos como Camille Paglia llevan advirtiendo desde hace años que hablar de violaciones en el campus pone a las mujeres en mayor peligro, si acaso.

Las mujeres de hoy son educadas en el victimismo, adiestradas para ser agresivamente vulnerables y convencidas de que la más mínima infracción, acercamiento o patoso malentendido representa un “asalto”, “abuso” o “acoso”. Eso puede que sirva en los seguros confines del campus, donde los hombres pueden ver sus carreras académicas destruídas por una simple palabra de una estudiante femenina.

Pero, de acuerdo con Paglia, cuando esa mujer sale al mundo real sin la red de seguridad de los comités universitarios contra la violación, carece totalmente de preparación para la a veces violenta realidad de la sexualidad masculina. Y los pánicos y sembrar el terror le hacen peor favor todavía a los hombres. A fin de cuentas, la educación está pasando a ser una experiencia miserable para los chicos.

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En escuelas de hoy por toda Inglaterra y América, los chicos se ven implacablemente patologizados, como los académicos vienen avisando ya desde 2001. Las bravatas e infantilismos han pasado a ser considerados “problemáticos,” con la conducta femenina pasando a ser el estándar dorado con el cual se compara a estos chicos defectuosos. Cuando se les nota deseosos, la solución suele ser medicarlos.

Uno de cada siete chicos americanos será diagnosticado con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en algún momento de su carrera académica. Millones recibirán la prescripción de algún potente tranquilizante, como el Ritalin, por el crimen de haber nacido hombres. Los efectos secundarios de estas drogas pueden ser horribles, e incluyen la muerte súbita.

Entre tanto, los chicos se quedan atrás académicamente comparados con las chicas, tal vez porque un incesante y bien provisto foco se ha situado en los logros de las mujeres en las últimas décadas; y poco o nada en los hombres que ahora están sacando peores notas, obtienen menos distinciones y alcanzan menos conocimientos para entrar en el mercado laboral. La alfabetización masculina, en particular, está en crisis por todo el oeste. Nos hemos obsesionado tanto con las chicas, que no nos hemos fijado en que los chicos se han metido en un barrizal académico bastante serio.

Entonces, ¿qué ha ocurrido con esos chicos que, en 2001, estaban quedando por detrás de las chicas en la escuela, tenían menos probabilidades de ir a la universidad, eran medicados sin necesidad y cuyos problemas de autoestima y confianza fueron simplemente ignorados; pero han sido activamente ridiculizados por el Establishment feminista que tiene tanto dominio en las instituciones educativas y los partidos políticos de izquierdas?

Abreviando: crecieron disfuncionales, desprovistos por la sociedad, sintiéndose profundamente miserables y, en muchos casos, enteramente incapaces de congeniar con el sexo opuesto. Son los hombres que fueron traicionados por el sistema educativo y la cultura en general de forma tan abundante entre 1990 y 2010 quienes representan la primera generación de lo que llamo el Séxodo, una salida a gran escala de la sociedad mainstream protagonizada por hombres que decidido que no pueden afrontar, o molestarse con, formar relaciones y participar plenamente en sus comunidades locales, democracias nacionales y otras estructuras sociales del mundo real.

Una segunda generación del Séxodo se está gestando hoy, obsequiados con un daño potencialmente mayor hacia ellos por la instauración de leyes absurdas, inviables, mojigatas y rotundamente misandristas como la legislación “Yes Means Yes” de California—y por la tercera ola del feminismo, que controla periódicos como el Guardian y compañías de nuevos medios como Vox y Gawker, pero que disfruta de un histérico grito final antes de que las propias mujeres lo rechacen por un margen incluso superior al actual, en que 4 de cada 5 mujeres afirman que no quieren tener nada que ver con la temida palabra con F.

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El Séxodo no vino de la nada, y las mismas presiones que han forzado la salida de muchos contemporáneos de la sociedad ejercen presión en la generación de sus padres, también. Un investigador profesional en el final de su treintena, con quien he estado conversando acerca de este tema durante meses, lo dice con muy buen tino: “Durante los últimos, al menos, 25 años, se me ha dicho que haga más y más de esto y aquello para conservar a una mujer. Pero nadie me ha dicho lo que ellas hacen para conservarme a mí.”

“Te puedo decir como hombre casado y heterosexual en funciones, que no ha abandonado la sociedad, que el mensaje de las tías es: No sólo es preferible que te vayas al carajo, sino imperativo. Debes pagar por todo y hacer que todo funcione; pero tú mismo y tus preferencias podéis iros a la mierda y morir.”

Las mujeres han estado mandando a los hombres señales mezcladas durante las últimas décadas, dejándolos completamente confundidos al respecto de lo que deberían representar para las mujeres, lo que tal vez explica el lenguaje soez que algunos usan al describir su situación. Dado que el rol de proveedor les ha sido arrebatado por mujeres que ganan más y funcionan mejor en la escuela; los hombres quedan en posición de intuir lo que hacer, tratando de encontrar un término medio entre lo que las mujeres dicen querer y lo que ciertamente buscan, lo cual pueden ser cosas muy diferentes.

Los hombres afirman que la brecha entre lo que las mujeres dicen y lo que hacen jamás ha sido mayor. Se les dice constantemente que deben ser compañeros de viaje sensibles y delicados en el camino feminista. Pero las mismas mujeres que dicen querer a un hombre bueno y poco amenazador se van a casa y se extasian viendo cachas de mente simple, pecho enorme y saturados de testosterona en Game of Thrones. Los hombres son conscientes de esto, y para algunos, esa inconsistencia gigante hace que todo el juego les parezca más bien una dificultad innecesaria. ¿Para qué molestarse tratando de averiguar lo que una mujer desea, cuando puedes hacer deporte, masturbarte o jugar a videojuegos desde la comodidad de tu dormitorio?

Jack Donovan, un escritor residente en Portland que ha escrito varios libros sobre hombres y masculinidad, cada uno de los cuales se ha convertido en un éxito de culto, afirma que el fenómeno ya es endémico entre la población adulta. “Veo un montón de hombres jóvenes que en otras circunstancias estarían teniendo citas y casándose rendirse con las mujeres,” explica, “o pasando de la idea de tener esposa y familia. Esto incluye tanto a la clase de hombre que normalmente sería un poco torpe con las mujeres, como a la clase de hombre que no es torpe con ellas en absoluto.”

“Han hecho un análisis de costes y beneficios y descubierto que es un mal negocio. Saben que si invierten en un matrimonio y en tener hijos, una mujer puede quitarles todo ello en un suspiro por capricho. Así que recurren a servicios como Tinder y OK Cupid para encontrar mujeres con quienes tener sexo seguro, y se resignan a ser ligones, o cuando se cansan de ese papel, novios.'”

Y añade: “Casi todos los hombres jóvenes han asistido a seminarios obligatorios sobre acoso sexual, violencia de género y prevención de violación; y saben que podrían ser despedidos, expulsados o arrestados en base, más o menos, a la palabra de cualquier mujer. Saben que son básicamente culpables hasta que se demuestre su inocencia, en la mayoría de las situaciones.”

Donovan achaca gran parte de la culpa de cómo se sienten ahora los hombres al movimiento feminista moderno y lo que ve como su falta de sinceridad. “Los hombres jóvenes que lo están pasando peor están en conflicto porque operan bajo la idea de que las feministas discuten de buena ley,” afirma, “cuando de hecho están inmersas en una lucha a expensas del resto en cuanto a estatus sexual, social, político y económico—y están ganando.

“Los medios permiten ahora que las feministas radicales conduzcan todos los debates, en parte porque el sensacionalismo atrae más la atención que cualquier clase de discurso equilibrado. Las mujeres pueden básicamente decir cualquier cosa sobre los hombres, no importa lo denigrante que sea, coreadas por aplausos y mofas.”

Esa ha sido de hecho la experiencia de varias coaliciones libres de hombres en los medios recienemente, ya sean científicos indignados por las denuncias feministas al Dr Matt Taylor, o video gamers en campaña bajo la bandera de éticas de prensa que vieron su movimiento difamado como un grupo misógino de odio por feministas mendaces y beligerantes y autodenominadas “guerreras por la justicia social”.

Donovan tiene su perspectiva sobre los motivos por los que ha sido tan sencillo para las feministas triunfar en las batallas mediáticas. “Porque los hombres quieren proteger a las mujeres por instinto y ser héroes, si un hombre escribe siquiera una tentativa de crítica sobre mujeres o feminismo, es denunciado por hombres y mujeres indistintamente y tildado de patán extremista. La mayoría de los libros y blogs acerca de “estudios masculinos” y “derechos masculinos” que no son explícitamente pro-feministas están plagados de disculpas hacia las mujeres.”

“Libros como The Myth of Male Power y sitios como A Voice for Men son los hombres del saco favoritos de los colectivos feministas, pero solo porque desafían la hipocresía parcial de los mismos en su búsqueda de la ‘igualdad’.”

Al contrario de las feministas modernas, que están poniendo cuñas entre los sexos, los activistas de Men’s Rights “parecen realmente buscar la igualdad sexual,” dice. Pero los autores de tales estudios y los académicos masculinos están moviéndose constantemente de puntillas, y tratando de no parecer demasiado radicales. Sus contrapartes femeninas no tienen esa clase de contención, por supuesto, como lo que él llama feministas hipsters, como por ejemplo Jessica Valenti del Guardian que se pasea con camisetas con dichos como “ME BAÑO EN LÁGRIMAS DE HOMBRE.”

“Soy un crítico del feminismo,” dice Donovan. “Pero nunca me verás desfilar por ahí llevando una camiseta que diga ‘HAGO LLORAR A LAS MUJERES’. Tan sólo parecería un imbécil y un abusón.”

Es la opinión de académicos, sociólogos y escritores como Jack Donovan que una atmósfera de burlona e incesante hostilidad contra los hombres por parte de figuras reconocidas de la clase media, sumada a unos cuantos y confusos colaboradores masculinos en el proyecto feminista, han sido al menos parcialmente responsables de una generación de hombres que simplemente pasan del tema.

En la Parte 2 conoceremos a algunos de los hombres que “han salido”, abandonado el sexo y las relaciones y se han sumergido en una búsqueda solitaria o en una cultura machista regada por el alcohol. Y descubriremos que las auténticas víctimas del feminismo moderno son, en efecto, las propias mujeres; que están sintiéndose cada vez más solas y menos satisfechas que nunca.

Algunos nombres han sido cambiados.

Lee aquí la Parte 2 del Séxodo.


Notas de la traducción:

El artículo original ha sido publicado en BreitBart.com bajo la autoría de Milo Yiannopoulos, columnista y Editor Asociado de BreitBart London. Es uno de los más conocidos comentaristas en materia de tecnología y medios de comunicación. Escribe una columna semanal para el Business Insider tocando los temas de tecnología, medios y política. Sus textos han aparecido en el Telegraph, Wall Street Journal, Times, WIRED, The Observer, The Spectator y muchos otros sitios. Aparece regularmente en televisión y en radio hablando sobre sociedad, política, medios y tecnología.

En 2011 fundó el tabloide digital The Kernel, que habla de cultura pop y de internet, y lo vendió a Daily Dot Media en enero de 2014. Es un conferenciante regular en el circuito tecnológico y ha sido dos veces nombrado como una de las 100 personas más influyentes en la economía digital británica por WIRED.

Milo ha sido llamado “el pitbull de los medios tecnológicos” en un perfil del Observer, “el Ciudadano Kane de los medios digitales” en la revista Forbes y “un capullo cínico e ignorante” por Stephen Fry.

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La traducción es de autoría propia, y he intentado respetar en lo posible la estructura y gramática general del texto. Se han adaptado algunos signos de puntuación y expresiones, para facilitar la lectura y la comprensión de las ideas. De cualquier forma, es posible que algunos párrafos no queden lo bastante claros. Si detectas alguno durante tu lectura, por favor, informa de ello y lo corregiré a la mayor brevedad posible.

Las ideas vertidas a lo largo de este texto no necesariamente coinciden con las mías propias.

Sin embargo, las comparto porque estoy de acuerdo en cuanto a la situación que presentan. Es mi deseo particular por continuar con la Conversación que hemos iniciado en meses anteriores al respecto de este tema lo que me anima a traducir y presentar este texto en mi blog. También es culpa de mi deseo de cerrar brechas y dejar de señalar culpables o chivos expiatorios; de ahí este disclaimer parcial.

Si deseas ofrecer tu opinión de manera constructiva y responsable, estaremos encantados de leerte.

Lee aquí la Parte 2 del Séxodo.

5 formas de aplicar la Alquimia Interior para mejorar nuestra vida hoy

Con el próximo lanzamiento de Alquimia Mía, he recibido muchas preguntas acerca de lo que contiene el libro y el uso que se le puede dar. Hoy os hablaré de una parte del mismo (las Cinco Esferas), con unos pequeños consejos para abordarla y sacar el máximo beneficio de sus componentes. Además, intentaré abriros el apetito recordando cómo surgió la idea de escribir este libro, entre otras cosas. ¡Vamos allá!

Por cierto, si quieres saber más de mi obra y quieres adquirir mis textos, haz clic en la fotografía a continuación.

Alquimia Mía y mis otros libros, a fecha de dic. 2014.

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