Reflexiones en Abierto – ¿Por qué salvarías o condenarías la vida de pareja?

Si me llevas leyendo el tiempo suficiente, sabrás que soy el tipo de persona que se hace preguntas de todos los calibres. Una serie de preguntas bien sembradas fue lo que le dio vida a este espacio, de hecho.

Todo comenzó compartiendo mis propias ideas acerca de temas en común con un público dado, al cual me gané por ser brutalmente honesto y no aceptar mareos.

Pasado un tiempo, añadí otros temas que captaron mi atención, y una nueva intención. Sin cambiar la dinámica de compartir lo que pienso, quería remover vuestros culos en cualquiera que sea el asiento que uséis. Agitar vuestras conciencias, generaros un interés por hacer las cosas mejor y que salga algo bueno de todo ello.

En resumen: amplificar vuestra curiosidad natural.

Me gusta contagiar esa actitud a los demás, y cuando estoy conversando, a menudo aprovecho para soltar un par de esas curiosidades y crear debates molones.

Me gusta tratar de llegar a una comprensión global que me permita ampliar mi perspectiva y apreciar las de otros a la vez, aunque sea complicado de cojones.

Y por eso… Hace unos días lancé una pregunta bastante potente: por qué salvarías o condenarías la vida de pareja. Para mi sorpresa, bastante gente quiso mojarse. Sigue leyendo

Por qué un hombre libre es la cosa más terrorífica para una mujer

Un hombre libre es una de las cosas más aterradoras para una mujer.

Porque, una vez que el hombre se libera…

No puede ser adiestrado.
No puede ser moldeado.
No puede ser controlado.

No puede ser manipulado para ser quien queramos que sea.

Te quejas de que tu hombre no es lo bastante fuerte. De que no te folla lo bastante duro, lo bastante bien o con la frecuencia adecuada. De que no es lo bastante intenso, apasionado, excitante o masculino.

Dices que quieres un Rey, que sea estable y maduro.

Pero lo que no estás entendiendo es, que la cosa exacta que haría de este hombre todo eso y mucho más…

Es precisamente la misma que, cuando se manifiesta en serio, amenaza con destruir por completo cada una de tus fantasías Disney, así como los condicionantes religiosos y sociales que las mantienen vivas.

Y esa mierda es terrorífica. Sigue leyendo

Lo que sabe mi Espíritu Amante

No sé mucho sobre mujeres… Quizás lo justo para dejarme aleccionar por cada una que entra en mi vida. Tal vez lo necesario para que haya resonancia. Y puede que un poco más, bastante para lograr que sean mis cómplices en una travesura compartida.

Casi todo lo que sé versa sobre mí mismo, y me permite sentirme cómodo y confiado en su presencia. Capaz de afirmar cuando quiero que nuestra conexión prospere, aunque a veces por esa misma acción lo dificulte. Consciente de mis emociones y de su profundidad, de lo poderoso que puede ser unirme a un caudal ajeno y dejarme guiar o ser yo quien ponga la dirección.

Y sobre todo… Como un niño. Entregado y genuino. Más presto a comprender y abrazar que a crear brecha. Sigue leyendo

Masterclass de Felaciones, parte 2: actitud mata carita…

No existe un secreto para una buena felación… Pero sí hay algo que debería ser imprescindible.

No la chupas como parte del proceso.

No es una manera de calentar al otro… Ni siquiera una manera de hacer que se lo pase bien.

Es una necesidad física, un deseo biológico al que tu boca y tu lengua responden.

Sí, es cierto: puedes lamerla lentamente, humedecerla, metértela entera después; y probablemente resultará entretenido.

Me temo que no pasará de ahí.

Consideremos la experiencia a la inversa: cuando más se disfruta ser receptor del placer oral es, precisamente, cuando la persona que te tiene entre sus labios está sintiendo verdadero placer en lamerte de ese modo. Es ahí cuando el cuerpo verdaderamente se relaja, pues la persona a la que se desea está cómoda, en su onda y a gusto… y, especialmente, disfrutando de provocarnos emociones cada vez más intensas. Es, a fin de cuentas, una expresión de que el deseo que provocamos es mayor o igual que el que nos provocan.

Así que, una vez dicho esto, ¿qué es lo verdaderamente necesario para provocar un orgasmo que quite el aliento?

Disfrutar de cada instante del proceso cuando somos nosotros quienes lo estamos generando. La primera vez en que la lengua acaricia la punta, expandiéndose cálida y húmeda hacia abajo, o en que los labios comienzan a envolverla, provocando el primer temblor. Acelerarle la respiración por primera vez. El tenue sonido que emite cuando, después de haberle envuelto varias veces con la boca, ahondamos por primera vez hasta el fondo de la garganta.

Sin embargo, para muchas personas, practicar una felación no acaba siendo un placer, sino una situación de la que preocuparse. Es muy fácil decir “quiero disfrutar de hacértelo”, pero no siempre se encuentra el modo de hacerlo saber. Arrastramos inseguridades, complejos y miedos que a veces no nos permiten saber qué hacer.

Aquí van unas pautas. Pero, antes de eso, hay algo esencial que comprender y a lo cual creo que debería hacer énfasis. Cada persona es diferente y los manuales de instrucciones son la peor de las lacras del sexo. Tirad los manuales de instrucciones.

Querer sentir algo porque deberíamos estar sintiéndolo es el mejor modo de alejarnos de las emociones que nos transportan de verdad.

Si dividiera el proceso de provocar un orgasmo con la boca…

Creo que el principio sería mi parte favorita.

Rozar con la punta de la lengua, acariciar suavemente, envolver con ligereza con los labios y succionar apenas un poco mirándole a los ojos. Está excitado, a punto, preparado para hundirse en ti… y tú, mientras tanto, estás aprovechando ese momento de máxima sensibilidad para recrearte en jugar despacio. Este es un momento complicado. Un poco de juego previo puede aumentar la excitación, pero, como con todo, debe encontrarse el equilibrio. Cuando el deseo da paso a la frustración la espera puede resultar incómoda, e incluso molesta, hasta el punto de descafeinar el placer posterior.

Jugad con moderación, y metéoslo en la boca cuando siga sonriendo.

Siempre se dice que el orgasmo se genera desde el movimiento constante. Pero, si antes de llegar a este punto, el chico no está lo bastante cómodo, relajado o simplemente no ha encontrado el modo de dejarse llevar; hay algo peor en esto que insensibilizarlo a vuestro movimiento: aguantar la posición necesaria para que un pene ahonde, sin rozarlo con los dientes pero manteniéndolo bien envuelto durante un largo rato puede provocaros un dolor en los labios y en la mandíbula que podría hacer difícil, si no imposible, continuar. Y no os vais a hacer daño en la boca para un orgasmo que no entre en la escala de Richter.

Uno de los grandes miedos a la hora de practicar una felación no viene, por curioso que resulte, del proceso.

Vas haciendo, y conforme te vas dejando llevar, la curiosidad o el deseo te guían en la experiencia. Sin embargo, ¿qué pasa al final? ¿Te apartas, te lo tragas, lo acoges con la boca y luego escupes?

No existe una respuesta a eso. Todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes.

Apartarse tiene dos problemas básicos: el primero, él. Está inmerso en un placer creciente, empieza a notar las oleadas… y de repente el aire frío envuelve su pene y una mano empieza a agitarlo con una intensidad para la que la sensibilidad generada por la proximidad al orgasmo no lo había preparado. Hay chicos para los que el orgasmo es igual de intenso, pero para otros… bueno, vuelvo a decir que sigue dependiendo de la persona.

El segundo inconveniente es la suciedad. Caiga en su estómago o en la sábana, el siguiente paso no es acurrucarse cálidamente, sino buscar un papel para limpiar el estropicio. La ventaja evidente es que no acabas con semen en la boca. El sabor y la textura cambian, es cierto… pero si quieres probar por primera vez, te recomendaría hacerlo en el segundo o tercer orgasmo (ten en cuenta que la sensibilidad aumenta en segundas y terceras felaciones y que hay más probabilidades de que un exceso de intensidad pueda provocarle dolor), pues después de la primera descarga el sabor se suaviza.

Si no quieres evitarle el bajón pero no quieres tragarte el semen, una opción perfectamente válida es permitir que llegue hasta el final en tu boca y después levantarte, permitir que admire tu cuerpo desnudo e ir al baño a escupir.

La principal desventaja de esto es que, si vas a hacerlo para no tragártelo, al final, en el tiempo que tardas en llegar y escupir, el semen pasará más tiempo en tu boca que si llegaras a tragártelo. Y eso sin mencionar la profundísima carga erótica que tiene para un hombre que te tragues su esperma mientras se corre y tú lo estás mirando a los ojos. La desventaja principal es, por supuesto, que estarías tragando semen. Ahí ya depende de cuánto problema puedas verle a eso.

Pues, al final, cuando se trata de felaciones, solo hay un consejo posible:

Relájate y date permiso para disfrutarlo tanto como él. Cómete a la persona que está contigo en la cama. Siente su calor inundándote la boca, las yemas de sus dedos hundiéndose en tu pelo, y empápate con la sensación de que está aguantándose el orgasmo porque le provocas tanto placer que ya casi no puede más.

Ese es el deseo que hará que las cosas se vuelvan más intensas.

La conciencia, total y absoluta, de que en ese momento no hay nada que desees con más intensidad que disfrutar de lamer hasta que se vuelva loco. Sin eso… Nada más eres tú jugando con un trozo de carne. Y a nadie le gusta sentirse como un trozo de carne pasivo en el juego del deseo.

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Esta entrada se la debemos a la persona que también inspiró la primera parte. Una buena amiga, con muchos años soportándome y aportándome cositas. Le pareció buena idea escribir algo que no sonase a típica revista con manual y truquitos para chupar bien. Quería hablar de motivaciones y sensaciones, de disfrutarlo de verdad. Yo sólo puedo atribuirme un par de retoques.

De lo que hace diferente la conexión, que no es sino gozar haciendo gozar al otro. Ya lo hemos comentado antes en esta casa… Confianza y entrega hacen mejor estas cosas, y más si te permites un egoísmo positivo.

¡Salud, terrícolas!

Sergio Melich (Kheldar)Autor: Sergio Melich (Kheldar)
Pedagogo al 36,5% y subiendo, comunicador y mentor por vocación (y pronto, más). Autor de las webs La Vida es Fluir & Play it Sexy!, Aventurero y Heartist (persona comprometida a vivir, crear y obrar con cabeza, corazón y conciencia). Escribo sobre el Buen Vivir: autoaprendizaje, estilo de vida, habilidades sociales, relaciones y más.

Masterclass de felaciones, parte 1

Una felación es algo más que comerse una polla.

Asumo que, si lees esto, es porque te gusta hacerlo, te produce alguna clase de placer y tienes tu cierta habilidad con ello. Sabes usar tus armas, pero quieres perfeccionarte. Y con este supuesto en mente, escribo esto.

En el mismo momento en el que propones esta práctica o accedes a ella tienes en tus manos una gran responsabilidad… Que, curiosamente, no tiene nada que ver con lo típico.

No se trata de no morderla. Tampoco de no marcarle los anillos. Ni de no arrancarle la piel al implicado cuando maniobras. La responsabilidad es otra.

Tienes que conseguir que se lo pase bien sin perder ese punto de nervios que acompaña a este acto. Sacar su faceta de dirty fucker… Y el relax necesario para dejarse llevar.

Y me explico. ¿No estamos todos deseando que nos lo hagan?

Es posible…

Pero ello no significa que lo vayamos a disfrutar si ocurre. Ni que nos guste el papel pasivo. Hay mamadas tan frías e impersonales que parecen puro trámite para que eso crezca lo bastante y meterla un rato, que hay más que hacer y poco tiempo para todo.

Y dirás, ¿cómo me aseguro de hacerlo bien? Sigue leyendo