Desde que conocí a Sergio una nueva realidad sobre el mundo en sí se me reveló como los sellos del Apocalipsis. Dejó de haber píldora roja y azul. El camino alternativo que me habían ofrecido los gurús que todos conocemos resultaba una vulgar farándula. Ahora sólo existía tu propia verdad.

Lo primero que te choca es que sea tan joven, pero digamos que fue de estos niños espabilados, como muy pocos. La gente tiene prejuicios en torno a que puedan existir sabios a esas edades.

Quizás lo más importante es que con Sergio, entre tantísimas cosas, aprendí a no renunciar a esa parte atractiva de mí mismo. Si tuviera que hacer una lista me quedaría corto.

Un detalle interesante es que él no concibe la seducción como algo aislado, un mundo en el que puedas entrar y arrasar. Para Sergio, o Kheldar ‘El brujo’, es mucho más. Tiene que ver con el liderazgo (liderazgo personal antes que liderazgo social, de hecho). Te enseña a que si te aprendes cuatro frases e imitas cuatro movimientos o posturas o copias las inflexiones de la voz de otros, te puede funcionar al principio, pero luego toda esa falta de esencia propia hará que todo se desmorone como un castillo de naipes. Es por eso que con él aprendí a cultivar un espectro mucho más amplio de los aspectos de mi personalidad, que en absoluto hay que descuidar. Gracias a él también descubrí la filosofía oriental por gusto.

Podrías preguntarle a cada momento la frase siguiente que deberías decir durante una interacción en la seducción y funcionaría, pero él no quiere eso: quiere que aprendas a hacerlo desde tu propia personalidad y esencia.

Estoy esperando a poder verle en persona en un taller y aprovechar la visita al máximo para seguir aprendiendo más.